Mi amigable charla con Martin 4

Mi amigable charla con Martin

Trump, globalismo, migración, multiculturalidad y arte

 

Hola:

Martin W. se licenció en Bellas Artes en la Universidad de Columbia hace varias décadas. Al poco tiempo visitó Europa, cumpliendo así su sueño de ver de cerca, en los lugares que brotó, toda la obra y el arte de la civilización occidental. En su primer viaje a finales de los años setenta quedó prendado de Roma. Posteriormente, con más medios económicos, visitó Paris, Atenas, Madrid y Viena, que también le enamoraron. Desde hace más de 15 años no había vuelto a Europa. Ahora, una vez retirado de sus obligaciones docentes ha viajado de nuevo al viejo continente.

Conocí personalmente a Martin hace unos 35 años en su primer viaje a Madrid, cuando yo transitaba bastante por España. En aquellos años, en una de mis visitas a la capital, pedí a un buen amigo, recién doctorado en Historia del Arte, que me guiara en mi primera visita al Museo del Prado. Habíamos quedado en una cafetería de la calle Felipe IV, a escasos metros de la entrada al museo. Llegué poco antes de la hora, esperé y al poco aparecía mi amigo junto con otro hombre al que no conocía. Me lo presentó, haciendo hincapié en la buena amistad que les unía. Era un muchacho algo mayor que nosotros, alto, delgado, bien vestido y con acento anglófono, pero con buena dicción española. Se trataba de Martin.

Desde entonces, las otras tres veces que ha venido a España también lo ha hecho a Barcelona. Ahí nos hemos visto y he tenido el gusto de mostrarle lo más llamativo de la ciudad. La capital catalana le encantaba más allá del arte. Como decía él, “esta ciudad engancha”.

Hace unos quince días recibí un correo electrónico de él en el que me comunicaba que tenía previsto visitar España con su mujer a mediados de este mes y que si no había inconveniente me llamaría una vez llegara a Barcelona.

Me presentó a su mujer, Jane. Una dulce y bella norteamericana que apenas balbuceaba un ‘hola, ¿cómo estás?’. ¡Qué raro se me haría mantener una conversación estando ella como simple espectadora!

El pasado jueves recibí esa llamada. Quedamos en vernos en el hotel donde se hospedaban, a media tarde del día siguiente, sobre las cuatro. Así, adecuada mi agenda, me encaminé hacia la Plaza de España. No nos habíamos visto desde antes de las famosas Olimpiadas de Barcelona.

Me presentó a su mujer, Jane. Una dulce y bella norteamericana que apenas balbuceaba un ‘hola, ¿cómo estás?’. ¡Qué raro se me haría mantener una conversación estando ella como simple espectadora! A continuación, nos sentamos los tres en una mesa, acompañados de dos cervezas y un café. Tras unos minutos de conversación acerca de la salud, del trabajo, de la situación personal y demás menudencias, Jane se levantó. Había quedado con otra mujer, que luego supe era su hija. Se despidió de mí y mi anterior preocupación se alivió.

Retomamos la conversación, esta vez con la intención de hablar del pasado y del presente; mucho más del presente. He de decir que Martin es un excelente conversador y un  elocuente ‘contador de historia’, como a él le gusta definirse. Posee una memoria fotográfica y resulta muy ameno escucharle. Dejaré a partir de aquí de contar yo y trataré de trascribir lo que me dijo, en la medida que mi memoria y la discreción me lo permitan. Con buena intención, ahí va el relato.

 

Donald Trump, el deseado.

««Mucho se habla del fenómeno Trump y pocos se preguntan por qué se ha producido, cuáles han sido las causas. Si lo hubieran hecho llegarían a la conclusión de que ello es, principalmente, producto de Obama. Éste es quien, en gran medida, ha posibilitado que Donald Trump llegue al poder.

«Obama ha sido un pésimo presidente para la mayoría de los estadounidenses. Puede que desde fuera se vea con otros ojos, pero dentro, para los americanos, su administración ha sido mala; muy mala si preguntas al ciudadano de la parte más profunda de la Unión. Mucha gente está harta de vivir peor que en el pasado y cuando esto ocurre se cambia al que manda. Era algo que tenía que suceder y ha sucedido. Los americanos, la mayoría, no somos partidistas. Votamos en función de nuestros intereses y antes de votar solemos preguntarnos si nos encontramos mejor o peor que hace cuatro años. En función de esa respuesta emitimos nuestro voto.

Mucho se habla del fenómeno Trump y pocos se preguntan por qué se ha producido, cuáles han sido las causas. Si lo hubieran hecho llegarían a la conclusión de que ello es, principalmente, producto de Obama.

«Puede que la gente se pregunte que Obama ya no se presentaba y por lo tanto el castigo no ha sido a su persona. Cierto, pero se ha involucrado demasiado. Ha apoyado en demasía a la candidata, haciéndola en parte protagonista y causa del problema. Por otro lado, Clinton no era ajena a la situación. Había formado parte del gobierno, lo que no la hacía inmaculada ante los americanos disconformes con Obama. Todo ello, a mi entender, ha mermado las posibilidades de una victoria del partido demócrata.

«Tal como te he anticipado en varias ocasiones, a mí, Trump, no me parece ni bueno ni malo. Al margen de las intenciones, muchas de las cuales comparto, no puedo opinar, simplemente porque ahora carezco de datos de gestión. Cuando pasen unos meses podré emitir un veredicto en función de los hechos. Por ello, me parece mal que antes de tomar posesión se lance contra él todo tipo de improperios, ninguno de ellos basado en el desempeño de su mandato; si bien creo que es mayor el ruido de las campanas externas que el de las internas.»

 

Lo global, el globalismo y la globalización.

«No sé si en España ocurre, supongo que también, pero en Estados Unidos se utilizan algunos vocablos con intención aviesa.

«Lo global se hace necesario en muchas facetas de la vida. Imaginemos la cantidad de decisiones que se toman en conjunto, directa o indirectamente, en beneficio de la sociedad. Así, las leyes y medidas que la sociedad se da, deben ser globales, esto es, para todos. Si no fuera así se legislaría partidariamente, en beneficio de una parte. Ahora bien, cuando lo global lo extendemos más allá de una sociedad  formada por sus hábitos y costumbres podemos caer en la imposición. En este supuesto, lo global pudiera no ser beneficioso para la suma de todas las colectividades que se pretende unificar, convirtiéndose en parcial.

«El globalismo no deja de ser la doctrina de lo global. Si la aplicación de lo global es correcta, ese globalismo también lo será. Si por el contrario lo global se impone, el globalismo, como doctrina impuesta, será pernicioso.

Al igual que sucedió antaño el globalismo está condenado al fracaso, no sólo por ello, sino porque la condición humana está programada para rebelarse ante la imposición.

«Por su parte la globalización es de por si perversa, ya que lo que trata es de integrar cosas variopintas en un todo. Trata de igualar, como sea, lo diferente. Nos hallamos pues, no sólo ante una imposición, sino también ante un sistema impostado, falto de naturalidad que se convierte en artificial de la mano del hombre.

«El globalismo no es nuevo, la globalización sí. Si echamos la vista atrás nos encontramos con hechos históricos que corroboran tal aseveración. ¿Acaso no fue un acto de globalismo las conquistas romanas o las invasiones bárbaras de la época? ¿Qué representó en su momento el descubrimiento de América o la colonización africana? Pues eso, una forma, un modo de globalismo en su momento; en muchos casos impuesto por la fuerza de las armas.

«Claro, visto ahora con perspectiva, se aprecia que aquellos actos de globalismo perecieron en el tiempo. Fue un globalismo temporal. Con el tiempo cada una de las sociedades fue apartándose de lo dictado por la metrópoli y creando su propio todo.

«Al igual que sucedió antaño el globalismo está condenado al fracaso, no sólo por ello, sino porque la condición humana está programada para rebelarse ante la imposición. Sin embargo, no lo tengo tan claro respecto a la globalización. La ausencia de fuerza, lo sibilino y astuto del plan que la traza, la hacen muy peligrosa. Como decía el evangelista, no te preocupe el enemigo que ves, sino aquel que no ves.»

 

Migraciones, multiculturalidad y arte.

«Norteamérica siempre ha sido un país de acogida. Como bien sabes, mi abuelo materno fue un emigrante que llegó allí a principios del siglo XX. Pero, cometemos un error cuando pretendemos igualar hechos producidos en el tiempo sin tener en cuenta las circunstancias de cada momento. El final, que no el fin, puede parecerse pero la forma cambia.

«Las grandes migraciones que se produjeron a principios del pasado siglo fueron consecuencia del avance de los medios de transporte y también de las comunicaciones. Tampoco debemos olvidar que fueron migraciones sin patrocinio. A su vez, conviene recordar que el lugar de llegada estaba libre, el terreno no tenía dueño. Y, por último, no había ningún tipo de cortapisa por parte del país receptor. Tres puntos que diferencian sustancialmente el hecho pasado del actual.

«Europa ha ido perdiendo su esencia cultural. Ya lo percibí en mi anterior visita en 2001 y ésta última me lo demuestra aún más si cabe. Al igual que sucede en mi país, hay una corriente que pretende dejar de lado la identidad propia, en beneficio de una nueva y falsa modernidad amparada en lo que algunos llaman multiculturalidad. Pero, la convivencia de diversas culturas no genera de por sí cultura y menos arte. Por mucha doctrina que se quiera impartir sobre la bonanza de la mezcla, la multiculturalidad no deja de ser otra falacia cuando se aplica al arte. El arte es pureza y sin pureza no hay arte.

«Hasta ahora nadie me ha dado una razón de peso que muestre los beneficios que aporta la multiculturalidad desde el punto de vista de la cultura. Conocer el máximo de culturas es bueno, puede que incluso sirva para aumentar la propia. Ahora bien, ¿cuáles son los beneficios de la mezcolanza?, ninguno. ¿Quién osaría poner junto a la Gioconda un cuadro de Warhol?, sólo un bárbaro o un inculto. ¡Oh, no, toda la pared para Leonardo!

Por mucha doctrina que se quiera impartir sobre la bonanza de la mezcla, la multiculturalidad no deja de ser otra falacia cuando se aplica al arte. El arte es pureza y sin pureza no hay arte.

«Sin embargo, todo es posible. Hoy que tan de moda está versionar, puede que se alcen voces a favor de que el Ave María de Schubert se toque con timbales y bongos o de que la danza del Lago de los Cisnes la representen cándidos brasileños y brasileñas en la arena de la abarrotada playa de Copacabana.

«Lo que llaman multiculturalidad es producto de una falta de liderazgo de las ideas en todos los campos del arte, la literatura, la pintura, la música, la danza, la escultura, etc. Así, mediante la mezcla se pretende crear, cuando el mestizaje artístico no lo posibilita. Dejaría de ser arte, sería otra cosa.

«Esta vieja Europa que ha dado lo mejor en todo tipo de arte no puede sucumbir. Ojalá nosotros poseyéramos una parte de todo él. Te aseguro, buen amigo, que lo defenderíamos con uñas y dientes.»»

Acababa de pronunciar sus últimas palabras. Ambos miramos el reloj y sorprendidos observamos que faltaban pocos minutos para dar las ocho de la tarde. Nos levantamos, nos abrazamos y nos despedimos. La próxima escala de Martin y su familia será Madrid.

Cuando marchaba hacia mi casa una frase de Ayn Rand rondó por mi cabeza: “La riqueza es el resultado de la capacidad de pensar del hombre”.

Saludos.

 

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