La masonería cumple 300 años. Hacia una nueva religión. (1 de 5)

La masoneria cumple 300 años. Parte-1

Sumario:

1.- Introducción.
2.- Un poco de historia.
3.- La masonería por dentro.
4.- La masonería coge velocidad de crucero.
5.- La masonería del siglo XIX en España.
6.- Influencia masónica en las independencias hispanoamericanas.
7.- Masonería: revoluciones y guerras.
8.- Condenas papales contra la masonería.
9.- La masonería en la España del siglo XX.
10.- La teoría sobre si Franco quiso y no pudo ser masón.
11.- Masonería, educación y familia.
12.- La Iglesia Católica principal objetivo de la masonería.
13.- La masonería y el nuevo orden mundial.
14.- Bibliografía

 

Introducción

En este 2017 se cumplen 300 años del nacimiento de la masonería, la conocida como especulativa llamada así para diferenciarla de la masonería operativa, aquella que en tiempos pretéritos de modo gremial y secreto formaban los albañiles encargados de las grandes construcciones. Este gremio tuvo su mayor esplendor en la edad media, si bien sus inicios se remontan siglos atrás.

A lo largo de estos trescientos años la masonería ha ido introduciéndose en la práctica totalidad de países. La existencia de ramificaciones surgidas en paralelo a la masonería, y que atienden a otros nombres, no excluye su propósito inicial que poco a poco se va completando y cumpliendo. Desde el principio se propusieron como meta derribar los pilares de la sociedad y en la práctica ya lo han conseguido. Hace tiempo que se infiltraron en los altos estamentos del Estado y se hicieron con el poder militar y civil. Hoy día, tanto la educación como la familia, célula fundamental y estructural de la sociedad, han sucumbido a la ventura de sus propósitos. Mientras tanto, la Iglesia, enemiga acérrima, se ha ido tomando internamente con el fin de volarla desde dentro.

piramide masonicaDicen los masones de hoy día que su asociación no es secreta, que se trata de una sociedad discreta. Pero lo cierto es que la inmensa mayoría de los masones desconocen cuáles son los fines reales de la organización a la que pertenecen. Muchos de los que ingresan en la hermandad lo hacen motivados por una malsana curiosidad promovida por su mentor, otros incitados por el oscurantismo y la leyenda; pocos se detienen ante la ignorancia de no saber quiénes serán los mandos de su logia. Y no lo digo yo, me baso en afirmaciones de personas que ya no forman parte de la masonería porque han decidido, con todos los riesgos, dejar de pertenecer a la orden. Este es el caso del francés Serge Abad-Gallardo que estuvo 24 años en la masonería, alcanzando el grado 14. Es autor del libro “Por qué dejé de ser masón” y mantiene que su paso por la secta le sirvió para comprobar el carácter luciferino de la doctrina masónica y que «La masonería es una religión, y tiene derecho a serlo, pero no se puede ser de dos religiones diferentes y sobre todo antagónicas». No sería desacertado identificar a la masonería como engaño, como secreto en el secreto.

El presente trabajo escapa de lo que han sido hasta ahora mis artículos, en gran parte de opinión y en su mayoría centrados en asuntos de actualidad. Intentaré a través de estas páginas afrontar un tema complejo, delicado y a la vez apasionante, la masonería. Lo voy a hacer, en la medida que pueda, desde la simpleza. Es tanta la profundidad de la materia y mucha la literatura que versa sobre ella, que resulta difícil saciar la curiosidad con un solo autor. Por ello me propongo componer a mano alzada un esbozo de lo que es la masonería; de lo que ha supuesto y supone esta organización, apoyándome para ello en diversa bibliografía que considero fiable. Porque los hechos de hoy son producto de las acciones de ayer; y en eso del ayer hay mucha influencia masónica. Aprovechándome de la generosidad del lector espero cumplir el objetivo que me he planteado. De antemano, gracias.

 

Un poco de historia.

Aunque existen diversas hipótesis acerca del origen de la masonería, una gran cantidad de estudiosos convienen en aceptar la teoría que remonta su nacimiento a tiempos remotos. Culturas como la egipcia, babilónica, caldea o asiria son nombradas por algunos autores como presuntas madres de una masonería inicial. Otros centran su inicio en la construcción del Templo del rey Salomón en 925 a.C. En cualquier caso no es intención mía profundizar en este asunto incierto, que por otra parte considero baladí para el objetivo de este trabajo.

Perfectamente organizada, la masonería operativa escondía los secretos de la edificación. Aquellos arquitectos de la época, verdaderos genios de la construcción, se les conocía como maestros albañiles, maçons en francés. Ellos eran los encargados de transmitir el conocimiento sólo a aprendices elegidos. De tal forma que únicamente la aptitud y la capacidad servían para adquirir el saber que permitía escalar peldaños en la logia. Alcanzar el grado de maestro suponía el reconocimiento y la influencia en la sociedad de entonces.

masoneria historiaSegún avanzaba el siglo XVII la masonería operativa iría perdiendo influencia, en la medida que la reforma luterana iba mermando la construcción de catedrales. A lo largo de este siglo empiezan a introducirse dentro de la masonería operativa miembros ajenos al oficio de constructores. La intrusión no era nueva, si bien es a partir de ahora cuando se hace con el afán de adueñarse de la organización. El historiador De La Cierva, en su obra “El triple secreto de la masonería”, escribe refiriéndose a la del siglo XVII: «Actualmente el carácter operativo es meramente simbólico, (..) la Masonería experimenta por lo tanto una autentica transfiguración».

Llegada la última década del siglo XVII, la nueva y moderna masonería, aunque todavía no organizada, se va abriendo paso. Tanto Inglaterra como a su vez Escocia son la cuna de esa masonería moderna. Según indica César Vidal, en su libro “Los masones. La sociedad secreta más influyente de la historia”, antes de finalizar ese siglo «al menos existían siete logias en Londres y una en York que se reunían con regularidad». En esas fechas, y entrado el siguiente siglo, las logias masónicas que empiezan a aparecer en la Isla se encargarán de acelerar el periodo de transición entre la antigua y la moderna masonería, en un proceso de pérdida de misticismo que previene una nueva secularización. Los nuevos masones, entusiastas del racionalismo que imperaba, junto al deísmo surgido de aquel, ven en ello la oportunidad para extender y oficializar el nacimiento de la nueva sociedad con patrones bien definidos.

Así las cosas, la masonería moderna había acabado con aquella otra operativa. Sólo era cuestión de oficializar su nacimiento. El hecho institucional se llevó a cabo el año 1717, concretamente el 24 de junio; fecha que se corresponde con la fiesta de San Juan y del solsticio de verano. Ese día las cuatro logias de Londres, conocidas por el nombre de la taberna donde se reunían sus miembros –Oca, Corona, Manzano y Uvas-, decidieron unirse y formaron la Gran Logia de Londres. En ese acto se nombra al caballero Anthony Sayer como Gran Maestro de la Logia. Nacía oficialmente la francmasonería o masonería moderna, conocida también como especulativa.

 

La masonería por dentro.

En 1723 se publicaron las conocidas como Constituciones de Anderson. La Gran Logia encomendó su elaboración al pastor presbiteriano James Anderson, quien se encargó de parte de su redacción y de la coordinación.  El texto de las mismas marca la filosofía, líneas maestras de la organización,  y representa una especie de código regulador para los miembros de la sociedad secreta. Constituciones de AndersonTal como señala De La Cierva, dichas Constituciones «son, todavía hoy, un texto oficial y vigente para todas las obediencias masónicas (…) y no se puede dar un paso en el conocimiento de la Masonería sin contar con ellas». Por su parte, para César Vidal los textos constituyentes definen a la masonería como una «sociedad secreta, sociedad esotérica, sociedad por encima de cualquier otro vínculo humano, incluidos los familiares y nacionales».

Tanto el aspecto religioso como el político aparecen en el texto de la constitución masónica. Sobre el primero, aunque los masones venían obligados a respetar y cumplir la religión vigente del país donde residían, a partir de ahora se recomienda, por conveniente, atenerse solamente a la religión en la cual coinciden todos los hombres, una nueva y universal religión natural acordada por ellos, algo que para De La Cierva es una «confesión masónica en favor del deísmo» y «toda una actitud gnóstica». Respecto al segundo, el político -referido al magistrado civil, supremos y subordinados-, se presenta a los masones como sujetos justos, pacíficos y benéficos, que no han de interferir ni rebelarse contra el poder constituido. Sin embargo deben ser solidarios con los hermanos revoltosos. Dicho de otra forma, si un hermano comete un hecho delictivo penado por ley no podrá ser expulsado de la logia; incluso se debe apoyar la comprensión y la ayuda al delincuente.

La masonería tiene carácter iniciático y su organización interna es similar a una pirámide, donde la base representa el escalón o grado de inicio y la cúspide el grado máximo. Según el Rito escocés antiguo y aceptado, dicha pirámide viene dada por 33 escalones, desde el inicial, encarnado por el aprendiz, hasta la cúspide o grado 33, personificado por el Soberano Gran Inspector General de la Orden. Los tres primeros grados, aprendiz, compañero y maestro son los grados más conocidos y son los encargados del trabajo cotidiano en las logias, la gestión y dirección. Estos tres primeros grados se conocen como masonería azul o simbólica, los siguientes grados hasta el grado 18, como masonería roja o capitular, mientras que el resto de grados representan la masonería negra o filosófica, encargada del estudio filosófico y metafísico. A los últimos tres grados se les asigna el calificativo de sublimes.

Albert Pike, masón de grado 33, en su famoso libro “Morals and Dogma of the Ancient and Accepted Scottish Rite of Freemasonry” publicado en 1871, describe cada uno de los 32 grados que preceden al Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo de grado 33. Para no alargar en demasía este capítulo, me centraré en los tres primeros grados. En el apartado dedicado al Aprendiz menciona los diez mandamientos de la masonería, a modo de imitación de los mandamientos divinos, y los acaba con el más grande de la Masonería, «Un nuevo mandamiento os doy (…) El que está en la luz, pero odia a su hermano, permanece todavía en la oscuridad», algo que tiene que tener claro el nuevo miembro. Pero, al hablar del Compañero matiza, «El Cristianismo enseñó la doctrina de la Fraternidad, pero repudió la de la Igualdad política inculcando continuamente la obediencia (…) La Masonería fue el primer apóstol de la Igualdad. En el monasterio hay fraternidad e igualdad, pero no libertad. La Masonería añadió también la Libertad, y reclamó para el ser humano ese triple patrimonio: Libertad, Igualdad y Fraternidad». Morals and dogmaTodo un elogio a la Revolución, pero que deja al descubierto los ideales de la secta en la que la igualdad sólo es de palabra y la libertad de boquilla. Lo de la fraternidad, tal vez. Y termina, en su apartado sobre el Maestro, «La Masonería, como todas las religiones, todos los misterios, el Hermetismo y la Alquimia, oculta sus secretos para todos excepto para los adeptos y los sabios, o los elegidos, y emplea falsas explicaciones e interpretaciones equivocas de sus símbolos para llevar a error a aquellos que solo merecen ser llevados a error, y para ocultar la Verdad, que es Luz, de estos, y apartarlos de ella». Poco cabe añadir. En el fondo toda esta obra de Pike –más de 900 páginas- está llena de contradicciones, o tal vez de contraposiciones, todo con el ánimo de que poco o nada obtenga de él el profano. Así se deduce al leer, «la Masonería encripta sus secretos celosamente, y extravía intencionadamente a los interpretes engreídos».

No obstante, la existencia de grados no determina con exactitud las atribuciones y la importancia de cada uno de esos grados. Según Nicolas Deschamps, «las autoridades oficiales significan poco en la masonería, y las fuerzas que le imprimen movimiento actúan, quiéranlo o no esas autoridades», y sobre ello escribe Maurice Fara, «hay con frecuencia Venerables que sólo han alcanzado los grados inferiores» y Jean-Baptiste Bidegain añade, «incluso los de grado 33, ignoran en absoluto los asuntos más importantes de la secta».

El componente ritual domina los actos dentro de la logia. Desde los de iniciación hasta los relacionados con las tenidas o reuniones. A su vez, la promoción de grado, conocido como aumento de salario, conlleva sus propios ritos, juramentos, doctrina y demás simbología. Cada peldaño que se sube representa alcanzar nuevo conocimiento. En el fondo la masonería es la sucesión de iniciaciones que revelan la doctrina y la finalidad de la organización. Todo lo que ocurre en el interior de una logia es un conjunto de ritual esoterico, en los que tiene especial relevancia el decorado, la vestimenta y utensilios varios. Todo ello acompañado de frases y mensajes de dificil interpretación para el profano. Bueno, en realidad, no solo para el profano. Según Albert Mackey, doctor y escritor masón, «se explican al iniciado parte de los símbolos; pero es intencionalmente extraviado con falsas interpretaciones. No se pretende que él los entienda. Su verdadera explicación se reserva para los príncipes de la masonería».

FIN DE LA PRIMERA PARTE
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