No pienso votar el próximo 21-D y explico por qué

abstención parlamento vacío

La abstención activa como derecho democrático.

 

Hola:

En la vida hay momentos en los que tienes que tomar decisiones importantes. No se trata de optar por una marca u otra, elegir un color u otro, se trata de si compras o no la cosa. Es la disyuntiva entre el “si” y el “no” lo que hace importante a una decisión. Cuanto menores son las alternativas más valor tiene ese acto, mayor es el porcentaje que te juegas. Es pura aritmética.

El próximo día 21 de diciembre no se trata de elegir entre opciones políticas diferentes. Optar entre las diversas candidaturas afines a uno y otro bando resta importancia a la toma. Esa toma de decisión, medida porcentualmente, está muy por debajo del 50%. Claro está, si no eres sectario y lo haces con raciocinio.
Ese 21-D representa algo más que votar a un partido o a otro. Se trata de disyuntivas, pluralizo. Ahora expongo el porqué.

La primera disyuntiva, si lo haces, es elegir entre partidos secesionistas y partidos constitucionalistas. La alternativa, que lógicamente representa un 50%, está bastante clara para la mayoría. Cada cual tiene claro el lado en que se posiciona. Pero esta decisión, a priori fácil por cuanto lleva tiempo meditada, tiene trampa, porque enfocada desde ese punto de vista se convierte en un referendo. El referéndum encubierto del “Si” o del “No” a la secesión. Luego, visto desde la parte constitucionalista, si votas te conviertes en cómplice de aquello en contra de lo cual estabas. Eso que la ley no permitía, vas ahora tú y te lo saltas.

Este es el fregado hasta el que nos han llevado nuestros políticos. Sólo por eso merecen que se les despida a todos.

No trato de escudriñar más allá de lo meridianamente razonable. Pero, lo cierto es que para una de las partes, se convierte en eso. Y si lo es para esa parte, está claro que ésta habrá conseguido su objetivo. Y lo conseguirá gracias a ti. Este es el fregado hasta el que nos han llevado nuestros políticos. Sólo por eso merecen que se les despida a todos.

Si, ya sé que no es tu intención; que lo que tú pretendes es que no ganen los sediciosos. Pero, muy a tu pesar y en el fondo les darás la razón; apoyarás su ansiado derecho a decidir. Es lo que tiene hacer las cosas mal. Con la herida todavía abierta y supurando nos ofrecen un parche “Sor Virginia”. Una tremenda estafa presentada como bálsamo.

La segunda disyuntiva es votar o no votar. Participar o no participar. Esta sí que es una decisión importante, muy importante. Si no acudes a las urnas, y además lo pregonas, verterán sobre ti todo tipo de adjetivos y ninguno agradable. Te acusarán de anti-demócrata e incluso de antiespañol. Cualquier epíteto, aunque desconozcan su significado, les sirve. En el fondo se trata de descalificar tu acción, simple y llanamente porque les perjudica a todos, –como dudo que ningún separatista lea esto- incluidos los malos .

Con la herida todavía abierta y supurando nos ofrecen un parche “Sor Virginia”. Una tremenda estafa presentada como bálsamo.

Claro, como tú eres un demócrata, ¡faltaría más!, tenderás a ceder en el último momento e irás a votar, aunque sea con la nariz tapada. Porque si no lo haces ganarán los independentistas y eso tú no lo puedes consentir. Tu conciencia te lo recordaría cada minuto de tu vida.

Sin embargo así no se remedia el mal. Un mal que lleva muchos años golpeándonos y al que nadie ha puesto coto, porque a nadie le ha interesado. Eso sí, cada vez nos piden con mayor énfasis que sigamos apoyando a este sistema y que como buenos “demócratas” acudamos en masa a las urnas; y si no lo hacemos nos convierten, como poco, en reaccionarios.

Vistas las cosas, maldita “democracia” la que en casi cuarenta años no ha resuelto este desaguisado. Todo lo contrario, le ha dado vida y le sigue dando vida. La decisión ciudadana no se respeta y se cambalachea en despachos la voluntad del pueblo. Con la excusa de un hierático consenso se comercian prebendas personales, se retuercen leyes, se administra justicia a la carta y, con el pretexto de la falta de recursos, se expolian los derechos de muchos, a la vez que se proveen y gratifican las necesidades de pocos.

¿Algo falla? Esta es una pregunta a la que, estoy seguro, hasta el más bonachón de los españoles contestaría, claro que sí. Pues bien, si algo falla, lo que dicta el sentido común es modificar la solución dada hasta ahora, ya que si volvemos a hacer lo mismo de siempre, el problema seguirá sin resolverse y probablemente se agravará. Porque para los de arriba de lo que se trata es de dinero, por mucho que intenten vender sentimiento a los de abajo.

Luego, visto desde la parte constitucionalista, si votas te conviertes en cómplice de aquello en contra de lo cual estabas.

Tal vez la solución resulte a primera vista utópica. Pero, si no estás conforme con la forma y no existe quien te asegure un cambio de rumbo, no debes seguir apoyando a aquellos que no tienen intención de modificar la situación. No puedes seguir siendo reo de un sistema que llaman “democracia” y que se ha convertido en inoperante por caduco, mafioso y putrefacto. Hay que acabar con él, no en clave “podemita”, sino desde el patriotismo, desde el amor a la Nación.

La abstención activa es la única arma pacifica de que disponemos para hacer caer este sistema convertido en un régimen plutocrático, donde además el poder político, sea del color que sea, se sirve y vive de él.

Acabaré con unas palabras de Benjamin Franklin acerca de la abstención activa como opción válida y democrática. La frase reza así: «Sin duda la abstención electoral puede ser interpretada de numerosas formas, pero hay algo que siempre estará claro, el que no acude a votar por nadie no podrá ser considerado responsable de lo que hagan aquellos que han sido elegidos en representación de partidos que han actuado de forma irresponsable en plena impunidad, o aquellos que esperan a participar del mismo sistema sin siquiera denunciarlo desde la complicidad. Cuando un sistema concede privilegio a los irresponsables sobre los responsables, ha llegado la hora de apartarse y dejarlo caer.»

¡Pensemos!

Saludos.

 

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