¿Por qué tengo que creer a Rajoy? 2

Rajoy programa electoral de 2011

¿Acaso tiene ahora más credibilidad que hace seis años?

 

Hola:

Entiendo a ese votante del PP que con buen corazón y a pie juntillas se cree todo lo que le cuenta su líder. Pero, desde el respeto que me merece, le pediría un poquito de sensatez, de buen juicio. Es bueno reflexionar, utilizar la cabeza y dejar de lado el corazón, aunque sólo sea por poco tiempo.

Cuesta entender que se defienda algo por el solo hecho de que quien lo pregona es de tu cuerda. Pero más inconcebible resulta que no se vean, o no se quieran ver, las mentiras cuando estas son ingentes. Todo por el mero hecho de pensar que aquellas forman parte de la vida cotidiana. Que como tal es un mal menor con el que se debe convivir. Y así, se llega a la conclusión de que es preferible que me mistifiquen los míos.

Dejo de lado a aquellos que con el carnet en la boca se ven en la obligación de defender a su jefe, porque en ello les va el sueldo. No son muchos, pero hacen excesivo ruido y tratan de desprestigiar cualquier opinión que no beatifique a su señor.

Cuando Rajoy accede a la Presidencia en 2011, lo hace bajo un programa ilusionante que mueve prácticamente a 11 millones de personas que, hartas de una etapa negra que había durado casi ocho años, depositan en aquel PP toda su esperanza. Un golpe encubierto había alzado a un incapacitado, intelectualmente hablando, a la presidencia del Gobierno de España y Rajoy se convertía así en una especie de deseado. De él se esperaba que trajera cordura a un país que la había perdido.

Y así, sin perder la fe en aquel hombre del que tanto se esperaba, los españoles hicimos nuevos agujeros en nuestros cinturones y nos dispusimos a apretárnoslos hasta casi perder la respiración.

Rajoy, que no es tonto, sabía perfectamente cuál era la situación política y económica cuando gana por mayoría absoluta aquel 20 de noviembre. Por cierto, esta última, la económica, tan complicada como aquella que había cuando, por primera vez, llegó a ministro en tiempos de Aznar allá en 1996. Quien piense que lo que se encontró fue una sorpresa no tiene ni idea de cómo funciona la política en la España actual. Puede que algo se escondiera, pero lo grueso era conocido por Rajoy. No conocerlo hubiera sido peor, una irresponsabilidad.

Comenzado el año 2012 se nos prepara, al pueblo me refiero, para afrontar la malévola crisis, obviando a aquellos que eran los máximos culpables de lo sucedido. Y así, sin perder la fe en aquel hombre del que tanto se esperaba, los españoles hicimos nuevos agujeros en nuestros cinturones y nos dispusimos a apretárnoslos hasta casi perder la respiración.

Mientras tanto, las diversas administraciones del Estado, entre ellas eso que llaman Autonomías, seguían sin poner coto a la fiesta. Con la mendaz monserga de “eso es el chocolate del loro”, se continuaba manteniendo a multitud de acólitos y personal de servicio de todo color y condición, incluidas prebendas múltiples. Si algo se recortó en la Administración fue en servicio al ciudadano; la ayudantía propia de los políticos seguía tal cual.

Por su parte, el sector privado, en concreto las empresas que lo forman, procuraban sobrevivir rebajando sus plantillas. Los expedientes de regulación de empleo, los famosos ‘eres’, eran algo cotidiano. Entretanto, los agentes sociales llenaban sus bolsillos, incluso haciendo ostentación de ello. Pero con todo, el esfuerzo económico pedido a los españoles hubiera sido perdonable en parte si el Estado hubiera tomado ejemplo y actuado en consecuencia, echando por la borda parte del lastre, que era mucho y baldío.

Por el contrario, para que los políticos siguieran en su tajo, se subieron los impuestos de manera desmedida. Toda una batería de medidas, que eran negadas tan sólo unos meses antes de las elecciones. El aumento del IVA que era refutado por boca del mismo Rajoy en estos términos, “La subida del IVA es el sablazo que el mal gobernante le pega a todos sus compatriotas”. La subida de impuestos que su ministro de Hacienda rebatía porque, “Si subiéramos los impuestos, los grandes impuestos, (…) lo que nos traería es menos crecimiento y más paro”. O el aumento de la edad de jubilación sobre lo que el sempiterno Arenas opinaba, la jubilación forzosa a los 67 años eso es absolutamente inviable”.

El derecho a la vida fue uno de los principales eslóganes con los que se presentó el PP en aquellas elecciones. Sin esta bandera es muy probable  que no hubiera alcanzado la mayoría absoluta.

Económicamente hablando fueron años, al menos tres, de una dureza extrema para el españolito de a pie, mientras la clase política, formada por un extenso comando de políticos parasitarios, seguía chupando y exprimiendo las necesitadas arcas del Estado. ¿Dónde quedó aquella famosa reforma de la Administración que se encargó a la plenipotenciaria Soraya? En el baúl de las mentiras. ¡Otra en la frente!

Si bien en lo económico se nos engañó, no fue la única mentira que tuvimos que tragarnos. Si el embuste sólo hubiera afectado al plano de la  economía, siendo grave, se hubiera olvidado e incluso eximido. Al fin y al cabo, todo lo que tiene reparación y se arregla deja de preocupar.

Sin embargo, las promesas incumplidas no se han quedado sólo en ese apartado, han sido multipolares. Ese incumplimiento, máxime cuando se tiene todo el poder, el máximo que haya tenido partido alguno en España, resulta imperdonable. Ese baúl de las mentiras al que me he referido anteriormente está pleno de farsa y patraña. La mentira ha sido de todo tipo. Veamos algunas que parecen haberse olvidado por parte de mucha gente y que, bajo mi punto de vista, tienen suma importancia. Por no extenderme en demasía me centraré sólo en cuatro, si bien la cifra es superior.

Uno.- El derecho a la vida fue uno de los principales eslóganes con los que se presentó el PP en aquellas elecciones. Sin esta bandera es muy probable  que no hubiera alcanzado la mayoría absoluta. Y sin embargo, aquella promesa de derogar la Ley Orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, conocida como Ley Aido, tampoco se cumplió. El nuevo engaño electoral provocaría la dimisión de Gallardón, quien pretendía una reforma profunda en favor de la vida. Al final la nueva ley quedó aparcada en el siniestro baúl y sólo se retocaría la necesidad de consentimiento paterno para el caso de las menores de edad. El resultado de todo este paripé fue que al final de la legislatura había un 15% más de “abortorios”.

Poder estudiar en español en cualquier parte de España, se ha convertido en una negación, en especial para los hijos de familias residentes en Cataluña

Dos.- Aquel programa electoral del PP, en su apartado, La derrota del terrorismo, decía literalmente, “La clave para la desaparición completa de ETA está (…) en el apoyo y la memoria de las víctimas, y en el reconocimiento y la reparación del daño causado. La medida de la derrota de ETA ha de ser la dignificación y la memoria de sus víctimas.” Pues bien, el caso Bolinaga demostraría hasta qué punto no era intención de aquel PP cumplir su programa electoral. El 1 de agosto de 2012 se acuerda trasladar al asesino Josu Uribetxeberria Bolinaga, condenado a más de 200 años de prisión, desde la cárcel de León al Hospital Donostia de San Sebastián. El día 8 del mismo mes el preso inicia una huelga de hambre, el día 17 se le otorga el tercer grado y el día 30 el juez Castro le concede la libertad condicional. Este caso, que he resumido al máximo, fue un acto de indignidad y la mayor ignominia cometida hasta la fecha por aquel gobierno con Rajoy al frente. Menos mal que el 16 de Enero de 2015 otra justicia  acabaría con la vida de aquel criminal. A todo esto se sumaría la puesta en libertad de casi 200 presos de ETA, con la excusa de atender a un dictamen europeo que se podía haber relegado en el tiempo.

Tres.- Tampoco en el ámbito de la enseñanza se cumplió lo que prometía aquel programa. El “haremos efectivo el derecho de los alumnos a aprender en español y en el resto de lenguas cooficiales.”, quedó asimismo como promesa vulnerada. Desde su acceso al poder, Rajoy no ha hecho nada por revertir una situación inconcebible en todo país de nuestro entorno. Poder estudiar en español en cualquier parte de España, se ha convertido en una negación, en especial para los hijos de familias residentes en Cataluña, cuya capacidad adquisitiva no les permite pagar un centro privado y de élite. En su conjunto la famosa Estrategia Nacional de Calidad de la Educación que propugnaba el injustamente vilipendiado ministro Wert quedó en el limbo de la disipación.

Cuatro.- La hoja de ruta que ha seguido Rajoy es prácticamente idéntica a la de Zapatero. A pesar de las promesas de derogar aquellas leyes de ideología que dividían a los españoles y los marcaban en grupos de  buenos y malos, lo cierto es que el sistema de ideologización de la sociedad española se mantuvo y en algunos casos se superó. ¿Dónde quedó la promesa de derogar la Ley de Memoria Histórica? ¿Dónde, la crítica a la ley que amparaba el matrimonio homosexual, que incluso había llevado al Tribunal Constitucional? ¿Dónde, las protestas por la ideología de género que tanto echó en cara a Zapatero? Pero no sólo ese tipo de leyes, también han quedado en el olvido cosas tales como la defensa de la restitución de la unidad del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca. O el compromiso de despolitizar la Justicia y  reformar el sistema de elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial que tanto defendía en 2011.

El momento actual que atraviesa España es muy grave. Tan grave que no tiene parangón en décadas, en bastantes décadas. Quien no lo vea así es que sólo atiende a ‘grandes marranos’ y ‘sálvames’ televisivos

Visto todo lo anterior creo que no hay razón alguna para creer a Rajoy. ¿Qué nos hace pensar que ahora el Presidente va en serio? ¿Qué motivos hay para sospechar que ya no miente? Yo no veo ninguno. Vamos, ¡habría que ser muy iluso!

El momento actual que atraviesa España es muy grave. Tan grave que no tiene parangón en décadas, en bastantes décadas. Quien no lo vea así es que sólo atiende a ‘grandes marranos’ y ‘sálvames’ televisivos, que dicho sea de paso se encargan de neutralizar y controlar neuronas para la causa de la inoperancia. Porque ante este momento crucial de nuestra historia todo indica que este gobierno no piensa hacer nada. O por lo menos nada que pueda molestar a quien pretende romper la Nación. Incluso las malas lenguas hablan ya de una salida pactada. Una salida para los delincuentes, no sólo para que no acaben en la cárcel, sino para que dentro de nada vuelvan a las andadas, si cabe con mayor derecho otorgado.

Hace más de ochenta años, el 29 de octubre de 1933, un patriota español dijo: “La Patria es una unidad total en que se integran todos los individuos (…) La Patria es síntesis trascendente, una síntesis indivisible, con fines propios que cumplir,  y nosotros lo que queremos es que (…) el Estado (…) sea el instrumento eficaz, autoritario, al servicio de una unidad indiscutible, (…) de esa unidad irrevocable que se llama Patria”.

Si hoy queda algo de esperanza esta no reside en Rajoy, sino en el pueblo llano, que como siempre, en momentos clave, está a mayor altura que sus mandatarios.

Saludos.

 

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2 Comentarios en “¿Por qué tengo que creer a Rajoy?

  • uno que pasaba

    yo creo que Rajoy es una pieza más del conglomerado que se han propuesto acabar con España.
    El problema es que no existe ninguna alternativa ya que los demás son todavía peores, si miramos a la pesoe, su estiulo es siempre se pone de lado dándole alas a los separatistas. y sobre todo Pedro Sánchez, que por alcanzar la Moncloa es capaz de vender a su madre.
    Rivera es el único que se acerca más a la política de unir fuerzas, pero la inexperiencia significa que cuando se enfrente a los separatistas catalanes con lo ladrones que son se lo pueden zampar vivo.