De “Canción triste de Hill Street” al margen de la ley de “The Shield”


Difunde sin miedo

Decir que el cine está en decadencia no es descubrir nada. Desde hace tiempo son pocas las películas que merece la pena ver, y eso a pesar de que el número de producciones ha aumentado considerablemente en los últimos tiempos. No se trata de que como espectadores nos hayamos vuelto excesivamente exigentes. No creo que sea eso. Pienso que el problema reside más bien en la falta de ideas, y en la abundancia de efectos digitales. Tanto una cosa como la otra, separadas o juntas, encarnan, bajo mi punto de vista, el talón de Aquiles del actual cine.

Pero no está en mi ánimo hablar de cine, sino de series. Esas que poco a poco se han ido ganando el interés de la gente, mucha de ella asqueada de la infecta programación televisiva. Y no tanto porque sean mejores que las películas en sí, sino porque cuando pillas una buena puedes disfrutarla más tiempo. Además, justo es decirlo, los productores vuelcan en ellas cantidad de recursos, convirtiendo al producto en algo muy atractivo para el entretenimiento hogareño. Así las cosas, un hecho curioso: frente al declive del cine, el auge de las series.

Alguien podría decir que lo anterior echa por tierra la ausencia de ideas a la que hacía referencia, y llevaría razón sino fuera por dos cosas. La primera: con las series pasa como con las películas, las hay buenas y malas. Y la segunda: el cine es una cosa y las series son otra. Y es que ni la serie tiene la intensidad de una película, ni esta puede tener la pasividad de aquella. Las primeras pueden verse con luz y las segundas se aprecian mejor a oscuras.

Pasados los años, “Canción triste de Hill Street” sigue estando en el cenit de las series televisivas, y particularmente las policiacas.

Hace casi cuarenta años se estrenaba en televisión una excelente serie. Fue en 1981 y se llamaba “Canción triste de Hill Street”. El formato de la misma revolucionó la manera de hacer series televisivas. Atrás quedaban los guiones encorsetados en una única trama, limitados a pocos protagonistas, focalizados en el trabajo y ceñidos a un formalismo técnico. La serie estuvo en antena durante siete temporadas, y obtuvo 98 nominaciones a los premios Emmy, logrando ocho galardones. Muchas de las secuencias se filmaron con cámara al hombro, lo que suponía una novedad. Junto a ello, los diálogos fuera de plano potenciaban la verisimilitud de la serie, dándole un aire de documental.

Pasados los años, “Canción triste de Hill Street” sigue estando en el cenit de las series televisivas, y particularmente las policiacas. Cabe hacer mención a su productor y guionista Steven Bochco (16/12/1943 – 01/04/2018), auténtica alma mater de la serie. Durante años una de las cabezas mejor amuebladas en esto de la televisión, y que también sacaría adelante otra serie de culto, “La ley de Los Ángeles”.

Si algo bueno tiene el momento de confinamiento social que padecemos es que disponemos de tiempo libre para dedicar a nuestras aficiones. Provechoso para leer, escuchar música o visionar una buena película. La amplia variedad de plataformas digitales, Prime Video, Netflix o HBO por citar algunas, nos permiten ver películas y series a la carta. De una tacada, en una tarde puedes devorar una buena dosis de películas o de capítulos. Pues bien, en mi caso estos días me he tragado una serie policiaca que, sin ánimo de comparanza, me ha hecho recordar la famosa “Canción triste de Hill Street”. Me refiero a “The Shield”, a la que aquí en España, con poca gracia, le han puesto el subtítulo “Al margen de la ley”. Una serie estrenada en 2002, en la cadena estadounidense FX Networks, y que se emitió a lo largo de 7 temporadas, con un total de 88 episodios.

“The Shield” es drama, acción, suspense, crueldad, humanidad, ternura, tiene dosis de humor, pero sobre todo es un canto a la amistad y a la familia, entendida esta como el grupo al que te debes.

Ambientada en la comisaría de un imaginario distrito de Los Ángeles, “The Shield”, al igual que en su día “Canción triste de Hill Street”, vuelve a romper los moldes convencionales del género policial. En un mundo duro y de moral ambigua, la serie muestra la tensión entre un grupo de policías, corruptos pero eficaces, y un sistema dispuesto a derribarlos. Un submundo donde el “equipo de asalto” formado por cuatro policías utiliza la violencia y la extorsión como efectividad de su labor. Todo en un contexto de violencia, desafuero, intemperancia e intereses políticos, con unos personajes perfectamente retratados, y a lo que se suma las vivencias familiares de los protagonistas. Conformado todo como un exquisito y agridulce coctel.

La serie está perfectamente dirigida, espléndidamente interpretada y posee una brillante factura argumental.  Ningún capítulo de “The Shield” está de relleno, todos tienen la capacidad de sorprenderte. Los capítulos se devoran sin darte cuenta. No hay tregua ni cuartel en la vida cotidiana de los protagonistas. De tal forma que llegas a preguntarte por qué unos personajes de esa ralea se convierten a tus ojos en héroes, incluso en tus amigos. De cómo la amistad está por encima de otros intereses bastardos. O de cómo puede quebrarse la lealtad y contaminar la política.

“The Shield” es drama, acción, suspense, crueldad, humanidad, ternura, tiene dosis de humor, pero sobre todo es un canto a la amistad y a la familia, entendida esta como el grupo al que te debes. Sin duda una de las mejores series de los últimos años. Amigo lector, si no la has visto, te animo a que la veas.  No te dejará indiferente, te agitará, te extenuará, te sacudirá, te turbará; seguro que sí.

 


Difunde sin miedo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.