De insultos, puñetazo, bien, mal y regular

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Un trabajo puede hacerse bien, mal o regular. Asimismo, suele ser habitual responder con esos mismos adverbios cuando se nos pregunta cómo nos encontramos de salud. Incluso el escolar los utiliza para insinuar cómo le va el curso. En estos casos el uso del término ‘regular’ lo aplicamos con la intención de responder, de modo ambiguo, a cómo va el trabajo, la salud, los estudios u otro tipo de actividad. Es una respuesta imprecisa que suena a cosa intermedia entre bien y mal. A modo de término medio, y dependiendo del estudiante, como si se tratara de un aprobado sobrado o por los pelos.

Sin embargo, al referirnos a las personas no solemos ni debemos, añadiría yo, utilizar el modal ‘regular’ para calificar a una persona. El ser humano no es regular, salvo que nos refiramos a la milicia. Las personas somos buenas o malas, sin más; aunque en ambos casos se pueda complementar este adjetivo con el adverbio ‘muy’.

…el ser humano, analizado individualmente, tiende hacia el bien. Es por naturaleza bueno. El mal, que es algo innato y latente, representa una mínima parte, que apenas inclina la balanza hacía la ruindad.

Estos juicios de valor sobre nuestros semejantes se hacen de acuerdo al conocimiento que tenemos del otro. Aunque la opinión sea subjetiva, necesitamos conocer en algo a aquel que vamos a calificar. Teóricamente, cuanto más tiempo convivimos con este otro, más acertada debería ser nuestra opinión. No obstante, se dan casos en que toda una vida no ha servido para conocer al individuo que había dentro.

Personalmente, creo que el ser humano, analizado individualmente, tiende hacia el bien. Es por naturaleza bueno. El mal, que es algo innato y latente, representa una mínima parte, que apenas inclina la balanza hacía la ruindad. En la mayoría de la gente se aprecia bondad, antes que maldad.

No obstante, existen seres con abundante y perseverante maleficencia que propagan el mal. Son cuantitativamente delgados pero, por desgracia, obesos cualitativamente. Ellos son los encargados de inyectar en la sociedad permeable el virus de la malquerencia.

La permeabilidad, la incapacidad de evitar la absorción, es cuestión básicamente de dos cosas: una, la bisoñez, otra, la ignorancia. De ahí que el maligno busque siempre ambas cosas.
Juventud, inexperiencia, nesciencia, ingenuidad e incluso excesiva bondad son bocados exquisitos que degluten con ganas los malvados.

A través de la historia hemos conocido personajes perversos, pero que por si solos no hubieran supuesto ningún tipo de peligro para la sociedad. Estos “calígulas” han sido exclusivamente los protagonistas, pero la tragedia no hubiera existido sin el resto de acompañantes. La obra, cuanto más mala, precisa de mayor número de secundarios. Muchos de ellos movidos por idénticos principios maléficos, pero otros, la mayoría, arrastrados por inoculación absorbida de manera maquinal y refleja.

Usar el insulto no está bien visto por la mayoría de la sociedad. Emplear el dicterio demuestra falta de preparación intelectual. Valerse de la injuria para argumentar, prueba la ineficacia del ofensor.

Por ello, no creo tanto en la bondad del colectivo. La sociedad en conjunto es mucho más compleja y me atrevería a decir que, en este caso, la balanza se inclina hacia la maldad. Pienso que el peso de lo malo supera al de lo bueno. ¡El paraíso no es terrenal!

Esta semana se produjo un debate político entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, que vieron muchas personas.
Mi opinión al respecto es que el debate fue malo en términos políticos, tanto en lo relativo a ideas, como en la exposición de soluciones. Ni a regular llegó. Vamos, lo esperado en este tipo de debates. Nada nuevo bajo el sol.

Lo que sí le diferenció de otros fueron las formas, el tono del mismo. En esto el Sr. Sánchez se comportó muy mal. Utilizó malos modos, impertinencia y falta de educación.
Usar el insulto no está bien visto por la mayoría de la sociedad. Emplear el dicterio demuestra falta de preparación intelectual. Valerse de la injuria para argumentar, prueba la ineficacia del ofensor.

Visto con perspectiva empresarial, un personaje de estas características, candidato a dirigir una gran e importante empresa no habría pasado el filtro del consejero delegado.
De todo lo acontecido me sobró sevicia y eché en falta educación. Esa que hace tiempo escasea tanto y que en tiempo pasado se denominaba urbanidad.

Un acto de agresión al Presidente del Gobierno de España, con puñetazo incluido… Tampoco pegar está bien visto por la generalidad de la sociedad. Usar la violencia invalida propuestas. Brutalidad y barbarie implican odio y fanatismo

También esta semana, que todavía no ha finalizado, ha servido para mostrarnos un suceso muy malo, a su vez relacionado con la política. Un acto de agresión al Presidente del Gobierno de España, con puñetazo incluido, llevado a cabo por un imberbe descerebrado, menor de edad pero no de fuerza, de clase pudiente, bien situado, con caprichos pagados y que no ha dado un palo al agua en su ignota vida.
Tampoco pegar está bien visto por la generalidad de la sociedad. Usar la violencia invalida propuestas. Brutalidad y barbarie implican odio y fanatismo

El joven cabestro es en el fondo un infeliz, porque estoy convencido que ha sido utilizado como actor de reparto, tanto por su papel como en su acción, por un sector maléfico de la sociedad. En el fondo un pusilánime bellaco, al que inocularon odio y, sin conocer su significado, se dispuso a demostrar la gran valía a sus dueños.
¡Qué valientes son estos “calígulas” a los que me refería!

Tenía claro no acudir al circo ni al teatro político por ahora. Ya escribí sobre ello hace unos meses. Sigo pensando que la forma de acabar con algo indeseable es no participando de ello, pero lo acontecido a lo largo de esta semana y en especial estos dos asuntos con maldad incluida, hacen que me replantee seriamente esa toma de decisión. Suelo rebelarme ante la maldad y la injusticia. ¡Qué le voy a hacer!

Hoy sábado, día de reflexión –curiosa denominación que persiste en el tiempo-, lo voy a emplear en eso, en pensar si modifico mi actitud y acudo mañana a lo que algunos llaman “participar de la fiesta de la democracia”.
Me comprometo a ello. Meditaré y si lo hago, mi voto no será uno de esos que denominan indecisos. No. Mi decisión de acudir tiene que ver más con aquellos que estamos en la disyuntiva de votar o no votar, que es diferente.

Finalizo y quisiera aprovechar la ocasión, dada la cercanía y la imprevisión de teclear nada nuevo antes de fin de año, para desearos una Feliz Navidad y un próspero año 2016. De todo corazón.

Saludos.

 

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