El Covid-19 visto desde lo económico, social y político

CoVid-19

Difunde sin miedo

Para hablar del Covid-19 con perspectiva científica es necesario poseer conocimientos, cuanto menos, de medicina o biología. Como no es mi caso, no voy a ser tan osado de hacerlo. Ahora bien, ello no me priva de explayarme sobre otros aspectos en los que influenciará esta pandemia, como pueden ser el económico, el social y el político. Voy con ellos.

Mientras el virus circulaba a sus anchas exclusivamente por China, el resto del mundo, en especial occidente, lo miraba como algo lejano. ¡Estos chinos no saben como enfrentar una simple gripe! ¡Eso no puede pasar aquí! Pero mira por donde, la epidemia se extendió y llegó a nosotros. Lo que demuestra la gran incapacidad de los actuales políticos. Estos que bendicen la economía global, al mismo tiempo que desconocen que para los virus el mundo es un pañuelo. Y surge la pregunta: ¿por qué no tomaron medidas para evitar que la epidemia se convirtiera en pandemia? Algo parece estar claro, los altos mandos políticos tenían toda la información acerca de la gravedad y efectos del virus, contagio, morbilidad y mortalidad. Digo esto con total certeza, y sin intención de entrar en otro tipo de consideraciones que pudieran rayar lo “conspiranoico”.

Una vez extendido el virus por otros países del globo, aquel lejano problema empieza a percibirse como propio. Italia se convierte en un foco de infección y Europa empieza a tambalearse social y económicamente.

Una vez extendido el virus por otros países del globo, aquel lejano problema empieza a percibirse como propio. En los países del mundo civilizado empiezan a darse los primeros casos, y nuestra mente cavila: este virus se ha atrevido a llegar hasta nosotros. ¡Cómo si los virus no supieran que este mundo, todo él, está por civilizar! Porque al igual que China tampoco nosotros supimos tomar medidas de contención, y eso que teníamos un espejo en el que mirarnos.

Italia se convierte en un foco de infección y Europa empieza a tambalearse social y económicamente. La desunión de Estados que conforman la llamada Unión no sabe qué hacer. La pandemia pasa de un país a otro, y el número de infectados aumenta exponencialmente a la vez que la cifra de muertos no para de crecer. Cada país a la suya, intentando paliar con parches el hundimiento de un barco agujereado por los cuatro costados. Pero tranquilos, estén ustedes tranquilos. Serán las voces pagadas en los medios subvencionados las que se encarguen de apaciguar a la población ingenua.  Así oímos mensajes como: “Este virus es menos peligroso que el de la gripe. O también como este: Cada año la gripe común mata a miles y miles de personas”. ¡En vez de tomar medidas drásticas, serenan nuestro ánimo!

Sería aventurado culpar al Gobierno español de la llegada del virus a nuestro país. Sin embargo, no lo es responsabilizarle de lo que sucede y pueda suceder.

Lo cierto es que los mensajes ya no valen. Ya casi nadie se cree nada y, como no, surge el pánico. Es la gente quien toma las medidas ante la inoperancia del gobierno, que al final acaba siendo un lastre. Y así, sin coordinación, cada uno se preserva según su instinto. Porque cuando hay temor la gente se vuelve irracional. Se protege, y cada cual auxilia a los suyos de la forma que buenamente entiende. Luego, es comprensible que se arrase con los alimentos y se colapse la sanidad. Esa es la respuesta del miedo, no la de un psicópata. Porque convendría recordar que el miedo es libre, y es misión del gobernante democrático tratar de erradicarlo.

Lo que antes se negaba se va aceptando ahora. Ello demuestra que no se ha actuado bien y a tiempo. Hoy, el desenlace no es cosa de semanas, sino de meses. No es de extrañar por tanto que el pánico llegue también a las finanzas. Las Bolsas por los suelos evidencian que lo peor en el campo económico está por llegar. Es obvio que para el sector turístico español los efectos del coronavirus serán devastadores, tanto que puede llegar a mermar nuestro PIB un 5%. Las Fallas, la Semana Santa y la Feria de Abril son el primer impacto. El resto está por ver, pero no alienta nada positivo. También se verá afectado el mundo del deporte, en especial el fútbol, el espectáculo en general y la logística internacional. Resulta complicado predecir todos los efectos, pero en un mundo globalizado no es aventurado prever que la mayoría de los sectores se verán influenciados en mayor o menor medida. En lo que respecta al paro, ya nadie discute que esta crisis sanitaria actuará como un tsunami, llevándose por delante multitud de puestos de trabajo.

Dentro de todo esto, y queriendo ser optimista, lo único cierto es que habrá un antes y un después de este coronavirus.

Sería aventurado culpar al Gobierno español de la llegada del virus a nuestro país. Sin embargo, no lo es responsabilizarle de lo que sucede y pueda suceder. Es él quien debe tomar medidas, quien debe ordenar y orientar la crisis, tanto la sanitaria, como la económica y la social. Y por lo que se ve anda muy desorientado, perdido y alterado. Pidiendo calma y sosiego, algo poco creíble cuando el mismo presidente de ese Gobierno denota nerviosismo. Así no se puede liderar una sociedad, ni tampoco pedir valor para afrontar el problema, porque esa sociedad ya no cree en quien la dirige. Cualquiera que vaya hoy a un hospital se encontrará con unos sanitarios extenuados por la carga de trabajo a la que les obliga la ineficacia de sus mandos políticos. Unos dirigentes que andan perdidos en su ineptitud, intentando, eso sí, aferrarse al poltrón. Unos mandatarios con patente de corso a los que poco les importa lo que pase mientras ello no se los lleve por delante.

Dice un aserto que quienes sobreviven a una gran calamidad son los mas fuertes. Siendo esto cierto, también lo es el de aquel que expresa que sobrevivir a un gran desastre no te garantiza que vivirás mejor que antes. Dentro de todo esto, y queriendo ser optimista, lo único cierto es que habrá un antes y un después de este coronavirus.

 

 


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