El mustio paisaje tras la batalla electoral


Difunde sin miedo

Las elecciones catalanas del pasado domingo, 14 de febrero, son básicamente el resultado del hastío y del desencanto. Dos datos me sugieren lo anterior. Uno, el hartazgo que muchos catalanes tienen de los políticos, y dos, el reparto de escaños pro independencia que, aunque con diferentes actores, mantiene un reparto similar. Si se quiere, ligeramente superior en número, cuatro más, pero que, en mi opinión, poco o ninguna trascendencia va tener en el discurrir de la legislatura. También antes disponían de mayoría.

Tras unas elecciones aparecen los pintores de cada partido intentado barnizar los resultados obtenidos con el color más apropiado a sus intereses. También en esta ocasión, los profesionales de comunicación de cada uno de estos se han empleado a fondo en vender su moto. Una moto que para algunos de ellos ha quedado reducida a mera burra a punto de fenecer.

El dato más significativo de estas elecciones es, bajo mi punto de vista, el escaso número de asistentes que decidieron participar en ellas. Eso las convierte en unas elecciones anómalas, ya que casi la mitad de los convocados optaron, soberanamente, por no acudir al llamamiento. Si los políticos, en especial aquellos que se las dan de victoriosos, tuvieran un mínimo sentido de la decencia, pedirían disculpas por todo cuanto no hicieron bien. Por lo incapaces que fueron de proponer soluciones a los problemas reales que la gente tiene. Pero no, a ellos les importa muy poco eso, porque no conocen la dignidad.

El total de votantes decididamente independentistas, o sea el formado por ERC, JcCAT y CUP, ha perdido un 34,56% de apoyo.

Analizados los datos fríamente, todos los partidos, con excepción del PSC, han perdido votantes en relación a las anteriores elecciones celebradas en 2017. Sí, ya sé que esto es, en buena medida, producto de la menor participación, por cierto, la más baja desde 1980. Pero eso debería darnos igual. El número de convocados era similar al de 2017.

El caso de VOX es, obviamente, diferente, ya que la formación no se presentó en las anteriores, y en consecuencia cualquiera que hubiera sido el resultado no empeoraría una situación que no se dio. De ahí que no lo incluya en el análisis del Cuadro 1. Pasar de 0 a 217.883 votos es toda una hazaña. Algo que convierte a la formación de Abascal en el autentico abanderado del españolismo en Cataluña.

Por su parte, los resultados obtenidos por Cs y PP no me han extrañado. En el caso del primero, por su indecencia, y en el del segundo por su cobardía. Para Cs: ¿cómo se puede dejar tirados a más de un millón de personas que depositan tu confianza en ti? Para el PP: ¿cómo se puede ser tan ruin de cambiar tu discurso por miedo? ¡Anden ustedes y vayan a freír espárragos!

Otro importante dato, que conviene no dejar de lado, es el total de votantes decididamente independentistas, o sea el formado por ERC, JcCAT y CUP. Pues bien, este número se ha visto mermado de manera considerable. Tal como puede apreciarse en el siguiente cuadro, ha perdido un 34,56% de apoyo. Un buen dato para los que nos sentimos españoles.

En el caso de VOX, pasar de 0 a 217.883 votos es toda una hazaña.

Bueno, y a partir de ahora ¿qué? Esta es la pregunta que muchos se harán. Si he de dar mi opinión, todo seguirá igual. Veo muy difícil, que el PSC, aun con Redondo tras bambalinas, sea capaz de abanderar una opción tripartita como la de antaño. No por falta de ganas, sino porque no le van a dejar. Me inclino más por la unión de los dos partidos independentistas, con apoyo de la CUP, a la que de una manera u otra se le compensará. Lo que con mucha probabilidad cambien serán los papeles. En esta ocasión ERC se pondrá al frente del gobierno regional, a cambio de ceder a Junts el poder parlamentario y de otros organismos importantes. Con todo, no sería descabellado que Sánchez otorgara la cabeza de Illa a ERC. Sería una posibilidad remota, pero que, en este mundo de locos en que se ha convertido Cataluña, podría darse. Si esto ocurriera, sería la más longeva; la primera nacería con fecha de caducidad relativamente temprana.

En tres semanas empezaremos a despejar dudas.

Leo Limiste


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