El plan no era Murcia, el objetivo es Madrid


Difunde sin miedo

Lo real, lo mollar, lo importante se centraba en Madrid. Ese fue, y sigue siendo, el verdadero objetivo de los socialistas: la Comunidad de Madrid. Lo que muchos de ellos llaman la Joya de la Corona. El suceso de Murcia fue simplemente una inconsecuencia. Una medida de distracción que tenía todos los visos de salir mal, por mucho empeño que pusiera la cúpula de Ciudadanos. Singularizo, porque a los socialistas eso les importaba más bien poco, aunque era una condición sine qua non de confianza que debía demostrar doña Inés.

No obstante, a pesar de la presión impuesta, la mayoría de los diputados de Ciudadanos en Murcia le han salido rana a su jefa. Han cercenado, al poner en evidencia, el pacto que esta y su fiel segundo, Cuadrado, tenían con Ávalos y Redondo. Con ello, Arrimadas ha segado sus ínfulas personales, que eran muchas, y, lo que es peor, ha enterrado en el abismo más profundo a todo su partido. Vamos, todo un ¡hurra! por usted doña Inés: su petulancia, unida a su torpeza, la han elevado a cima de la incapacidad política.

Pero no es mi intención escribir acerca de un partido perdido en el egocentrismo de su lideresa, a la que pelotean una cohorte de incapaces animadores. Lo muerto, mejor dejarlo en paz.

El motivo de este artículo es la mandataria madrileña Isabel Díaz Ayuso y su partido. Una mujer que, a principios de la pasada década, mostró un ilusorio compadreo con otro jovencito de talante más belicoso en un programa televisivo de nombre La Tuerca. No trato con ello de desprestigiarla; la juventud tiene ese punto de necedad, por el que todos hemos pasado.

No obstante, a pesar de la presión impuesta, la mayoría de los diputados de Ciudadanos en Murcia le han salido rana a su jefa.

Mantener que Ayuso es de lo poquito que se salva en este PP no es una temeridad. Y lo digo sin diferenciar el propósito del actual partido con el del pasado. Ambos son idénticos, si cupiera distinguirlos en sus fines. Porque la esperanza puesta en Casado se ha diluido en la misma medida que este se fue dejando barba. Incluso la aparición de alguna canita demuestra que el punto de similitud con su predecesor se acrecienta cada día que pasa. La inanidad ha vuelto, y la esperanza ha fenecido.

El golpe dado por Ayuso ha caído como lo hace el rayo sobre la copa de un árbol. Ha quebrado el ramaje y se ha llevado por delante parte del arbusto. Nadie esperaba que la tormenta llegara a tanto. De ahí la sorpresa y la zozobra que ha causado en la oposición, especialmente dentro del grupo socialista, y la rabia en los hasta ahora socios de gobierno. Ver la expresión gestual del ahora vicepresidente en funciones de la Comunidad fue todo un poema y un canto a la ignorancia.

Dentro de la política hay cuchillos, muchos cuchillos. Gran parte de ellos los lanzan los contrincantes, y una cantidad importante proviene de los considerados como aliados. Con todo, aún queda una buena parte de la afilada munición en manos de los tuyos, y el político no advenedizo debe estar preparado para esquivarlos. Todavía, y ha pasado tiempo, sigue presente la estampa de Bruto y César; y el fatuo Aguado impertérrito en su ignorancia. ¡Pobre hombre!

Mantener que Ayuso es de lo poquito que se salva en este PP.  La esperanza puesta en Casado se ha diluido en la misma medida que este se fue dejando barba.

Y ahora, ¿qué? Esa parece la pregunta que preocupa a muchos, y he de decir que a mí también. Trataré de explicarlo, porque el panorama que se cierne es bastante oscuro, sobre todo en lo económico. Y, en política, esto último es lo que puede alterar cualquier supuesto razonable si la situación fuese diferente. Permítanseme dos hipótesis. No creo que puedan darse más, dado que descarto por completo una victoria conjunta de las izquierdas.

La primera, y a priori la más natural, sería el triunfo por mayoría absoluta de lo que podría llamarse centro-derecha, esto es, PP y VOX. Tanto el uno como el otro, aumentando sus escaños. Esto llevaría a un gobierno de coalición con Ayuso a la cabeza, pero con VOX, por primera vez, tocando poder de verdad.

La segunda, tampoco descartable. Parecida situación, victoria por mayoría del centro derecha, con estancamiento de VOX. La cúpula del PP se niega a un gobierno de coalición con VOX. Por su parte, el PSOE se ofrece como muletilla de gobierno a cambio del apoyo del PP en las Cortes.

Creedme, esta segunda opción se está barajando entre bambalinas. Muerto Ciudadanos, que lo estará, a Sánchez sólo le quedará el apoyo, aunque sea circunstancial, del PP. Al fin y a la postre los fondos europeos están en juego. Y según cuentan, a los mandatarios de la Unión, a los que sueltan la pasta, no les gusta nada, pero nada, la alianza con los podemitas.

En fin, no tardaremos mucho en ver como acaba este sainete.

Leo Limiste

 


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