Este mundo se va a la mierda


Difunde sin miedo

Leí el pasado lunes una noticia en el New York Post que, además de llamar mi atención, me indignó en exceso. Esto último, no por lo que supone la vida privada de los adultos, que por mí tienen todo el derecho a hacer con su cuerpo y su vida lo que les venga en gana. El motivo de mi malestar me lo causó otro factor: los otros protagonistas de la historia, dos menores de edad. Concretamente, los pequeños que legalmente, con o sin participación judicial, han sido conferidos como hijos adoptivos.

El titular venía a decir algo así como: “Un trio poliamoroso de gays hace historia, al conseguir un certificado que los convierte en padres”. Según el citado periódico “El Dr. Ian Jenkins y sus socios, Jeremy Hodges y Alan Mayfield, un grupo poliamoroso, hicieron historia en 2017 cuando se convirtieron en la primera familia del estado de California en incluir a tres padres en un certificado de nacimiento”.

O sea, la historia no es nueva, por lo menos su inicio. Algo que convierte a la nota en un publirreportaje a favor del poliamor y la adopción grupal. Por otro lado, nada nuevo eso de publicitar actos inusuales para el común de los mortales. También los digitales españoles nos invaden con publirreportajes, pagados vaya a saber usted por quien, que nos hablan de las bondades de ciertas prácticas aberrantes.

Pero sigamos con el tema “poliamoroso”. Según el NYP (New York Post) los tres padres del pequeño Piper, que ahora tiene 3 años, sufrieron un calvario legal. Eso sí, no tuvieron escrúpulos en financiarlo mediante un libro escrito por uno de los padres, y de próxima aparición en Amazon.

Un trio poliamoroso de gays hace historia, al conseguir un certificado que los convierte en padres

Dicen estos poliamorosos padres que su familia, en la que también incluyen al pequeño Piper, no es algo inusual: “El hecho de que Piper tenga tres padres no es gran cosa. Yo mismo tengo tres padres, mi madre, mi padre y mi madrastra, y nadie piensa en eso”. Y añade: “Algunas personas parecen pensar que se trata de un montón de sexo o algo así, o que somos inestables y debemos hacer cosas locas (…) pero lo cierto es que nuestra casa es normal y hogareña, no es un ‘Tiger King’”.

Por encima del publirreportaje planea línea tras línea el amplio y duro trabajo que tuvieron que llevar a cabo los tres actuales padres de la criatura. Desde la donación de esperma y búsqueda del vientre de alquiler, pasando por duras entrevistas médicas y costosos abogados. Vamos, todo un tormento, que probablemente bajo su punto de vista sea debido a una sociedad que no les comprende.

El reportaje, fiel a quien lo financia, sigue con un alegato a la vida de esta  familia, a la que también se ha unido otro pequeño de nombre Parker, tal que según la redactora: “Ahora, Piper y Parker no tienen problemas para comprender la relación de sus padres”. Será debido a la edad de ambos críos, añado yo. Vergüenza debería darle a la juntaletras participar de esta miseria.

Continúa la plumilla con una loa al papel que desempeña cada uno de ellos: “Soy papá, Alan es papá y Jeremy es papá (…) Todos aportan algo diferente. Alan es el mejor leyendo libros, con un acento y una historia de fondo para cada personaje. Jeremy es el padre creativo, que hace pompas de baño y almuerzos especiales para los niños. Ian es a menudo el cocinero de la familia, residente y constructor de fortalezas”. Y finaliza: “Ahora en preescolar, Piper ve a sus papás como una fuente de orgullo. Tanto, que dirigiéndose a un compañero de clase se enorgullece de tener tres padres, frente a los dos que sólo tiene él.

Aún hay quienes creen que el mundo nunca ha involucionado. ¡Pobres ignorantes! El mundo lo ha hecho infinidad de veces.

Tal como he expresado antes, me importa un pífano lo que los adultos hagan entre ellos. Eso es cosa suya, y no seré yo quien me entrometa en su privacidad. Ahora bien, no creo que ningún adulto tengamos derecho moral, ni ético, para alterar la ley natural que marca la vida de un menor. Porque llegado ese punto se rompen los límites, y con ellos quebrados, cualquier atrocidad será bienvenida.

Todo lo anterior demuestra una vez más la hipocresía de esta sociedad permisiva con el derecho de minorías que cercena las prerrogativas de la mayoría. La impostura de una sociedad que permite el asesinato del nonato por decisión unitaria de la madre, pero es capaz de arrebatar los hijos a unos padres por el mero hecho de darles un cachete. La falsedad de una sociedad que no ve con buenos ojos que una niña juegue con muñecas, pero que maneja la adopción como si de muñecos se tratara.

Aún hay quienes creen que el mundo nunca ha involucionado. ¡Pobres ignorantes! El mundo lo ha hecho infinidad de veces. Tal vez, porque la sociedad que lo conforma, en el fondo y en su conjunto, no tiene claro que es la evolución. Sólo hace falta echar un vistazo a la historia. Por ello, soy tan poco optimista. De ahí el título de este artículo.

Leo Limiste

 


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