Gracias papá, muchas gracias por todo


Difunde sin miedo

Hola:

Este mes ha sido para quien esto escribe un tiempo de aflicción y abatimiento. A primeros de noviembre falleció, de forma natural, mi querido padre. Sin embargo, no quisiera convertir esta entrada en un reducto de tristeza. Por el contrario, me gustaría que fuera un canto a la fe y a la esperanza, tan vilipendiadas ambas hoy día. Con plena certeza de que el ser querido sólo nos ha abandonado terrenalmente. Y con la convicción de que ha sido acogido por el Padre Eterno para disfrute de la nueva vida.

Cuando escribía estas líneas me planteaba hacer una semblanza de mi padre, pero no he sido capaz. Tal vez el momento, o mi torpeza, me ha impedido plasmar en un texto toda su figura. Simplemente, venían a mi mente recuerdos entrelazados sin orden alguno. Sin embargo, no puedo dejar en blanco lo que él ha representado en mi vida, que ha sido mucho.

Y lo haré a modo de carta que nunca le entregué, pero que intentaré sirva de agradecimiento a lo mucho que de él recibí. Así, abusando de vuestra amabilidad y paciencia, quiero abrir dicha carta y dar lectura a la misma.

 

CARTA ABIERTA A MI PADRE (Q.E.P.D)

Querido papá:

Todo lo que sigue te lo debía haber dicho hace tiempo, porque las gracias se dan en vida. Pero no fue así. Por ello quiero leer en voz alta esta carta que va dirigida a ti. Creo que no te importará. Voy con ella, y espero que la emoción no enmudezca mi garganta y que mis ojos permanezcan secos. Si eso no ocurriera me disculpo anticipadamente.

Siempre fuiste un referente para mí. Una persona a la que imitar. Un hombre al que siempre admiraré. Es tanto lo que te debo, que resulta imposible modelar en letras mi agradecimiento. Con palabras hubiera sido más fácil, porque las emociones las dicta el corazón y cuando se escribe se hace con la cabeza.

De ti aprendí valores. Que la honestidad no sólo es decencia, sino también honradez. Que la lealtad es también fidelidad a unos principios. Que la palabra dada es tan importante como una promesa. Que los compromisos se cumplen, y las deudas se pagan. Que la responsabilidad no es cosa ajena sino propia. Y que al acto de abnegación inspirado en el amor se le llama sacrificio. Gracias por educarme en ello.

Gracias por enseñarme a muy temprana edad como se resolvían los problemas aplicando una simple regla de tres, porque para caminar por la vida se precisa razonamiento.

Gracias papá, gracias por mostrarme que la honradez es una virtud por mucho que la inmoralidad pretenda ponerse de moda.

Gracias por marcarme el camino a seguir y dejarme que luego lo transitara a mi manera. Porque así aprendí a equivocarme y a rectificar, sabiendo que si lo necesitaba estabas ahí para ayudarme.

Gracias por mostrarme que la honradez es una virtud por mucho que la inmoralidad pretenda ponerse de moda.

Gracias por hacerme ver que en la función de esta vida son tan importantes los secundarios como los protagonistas. Porque, a buen seguro, sin los segundos nunca habría película.

Gracias por querer tanto a mamá. Por cuidarla hasta el último instante de su vida. Por estar a su lado en lo bueno y en lo malo.

Gracias por tu trabajo, esfuerzo y tesón.

Gracias por habernos hecho felices.

Has pasado por este mundo dejando el listón muy alto, con excelente nota, y estoy persuadido de que ahí arriba eso se tiene en cuenta. Desde allí, junto a mamá, Intercede por nosotros.

Hasta siempre.

Tu hijo.

 

P.D.: Leída en la ceremonia del funeral.


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