Hacia una eutanasia de diseño


Difunde sin miedo

Sarco, la nave que te lleva a la muerte.

 

Hola:

Poco a poco han ido implantando la cultura de la muerte en nuestras vidas. Sí, así es. Aunque quieran enmascararlo con falsas verdades o bien manipulando el lenguaje, lo cierto es que la moral revelada ha permutado, reduciéndose a mísera moralina hedonista. Desde hace décadas el aborto, excusado como derecho de la mujer, y más cercanamente la eutanasia, alentada por una falsa dignidad, conviven con nosotros como algo natural. Poco a poco nos han ido acostumbrando a ver como normal la anormalidad, y cada vez son menos las voces que se alzan ante tal barbarie.

Hace tan sólo medio siglo hubiera resultado inverosímil una situación como la actual. La sociedad de aquella época nunca hubiera aceptado esta querencia por la muerte. Ha sido necesario, por tanto, llevar a cabo una labor de zapa cerebral para preparar las mentes de la gente. Algo que en teoría política se conoce como Ventana de Overton. Y a fe que a estas alturas lo han conseguido.

El pasado mes de diciembre la revista The Economist publicaba un artículo a modo de entrevista con Philip Nitschke, fundador y director de un grupo a favor de la eutanasia denominado Exit International. Un individuo nacido en Australia, donde ejerció como terapeuta de la muerte hasta que fue derrocada la ley que autorizaba la eutanasia. Luego emigró a Europa, concretamente a Suiza, donde según él se halla mucho más cómodo.

Hago un paréntesis. Que sea The Economist quien publique este tipo de asuntos no es baladí. Conocida es la influencia de sus portadas en el mundo económico, como también aquellas, aún más enigmáticas, acerca de lo que se prevé para cada nuevo año. No se trata de considerar al magazín como el oráculo, pero sí hay que darle una mayor relevancia a lo que en él se publica.

El pasado mes de diciembre la revista The Economist publicaba un artículo a modo de entrevista con Philip Nitschke, fundador y director de un grupo a favor de la eutanasia denominado Exit International.

Hecho este apunte, vuelvo al artículo en cuestión. Resulta ser, tal como relata la revista, que Nitschke ha ideado una especie de sarcófago al que llama cariñosamente Sarco. Según su inventor es una “elegante cámara de gas”, que se haya “felizmente cadáver” en un lugar secreto de Suiza. Tiene apariencia de nave espacial, y posee en su interior un placentero butacón para comodidad del pasajero en su viaje hacia la muerte. Una vez dentro el viajero activa los mandos que inducirán su muerte mediante la efusión de nitrógeno gaseoso.  De tal manera el macabro utensilio provocará la muerte dulce del fugaz navegante.

En la entrevista, Nitschke presume de su invento y llega a decir: “Ya tenemos a varias personas en lista de espera”. También habla acerca de la primera persona que utilizará el artefacto; será un neozelandés, al que conoce desde hace años. Una persona que, aunque no tiene una enfermedad terminal, padece una degeneración macular. Algo que, al parecer, el paciente no puede soportar, dada su afición a la lectura de toda la vida. Además, añade Nitschke refiriéndose al cliente, “tiene un compromiso de apoyo ideológico y filosófico con la idea”.

El artículo de The Economist relata con encomio todos los avatares de este doctor muerte, nombre con el que le conocen en Australia. Refiere, a su vez, la tenacidad del galeno venido a menos en la lucha por la legalización de la eutanasia. En el fondo, la redacción expele un tufillo a victimismo; como si el entrevistado fuera un incomprendido benefactor al que la sociedad no entiende. No desearía extenderme más con la entrevista a este hombre, pero tampoco quisiera acabar este escrito sin hacer referencia a la parte que me parece más cínica. Voy con ella.

Para Nitschke, el motivo de haber creado Sarco tiene que ver con la estética. Tal como dice, “Evita el factor de asco inherente a otras herramientas de suicidio pacífico, como pueden ser la humilde bolsa de plástico o el gas, y es igual de eficiente. Puedes decirle a la gente, como lo hago yo en mis talleres, que es barato, confiable, rápido y legal”.  Y añade: “Una vez dentro, el usuario presiona un botón, lo que provoca la liberación de nitrógeno de un recipiente comprado en la tienda.  Desde un punto de vista fisiológico, es pacífico. No es lo mismo que una cuerda alrededor del cuello, una almohada en la cara o meter la cabeza bajo el agua“.

A partir de ahora, preparémonos para una avalancha de artículos similares al que he hecho referencia. Dispongámonos, luego, para oír y ver a multitud de “expertos” haciendo alegatos a favor del derecho a la muerte que como “ciudadanos libres” tenemos.

Finaliza el apologético artículo refiriendo a Nitschke como un hombre que, apoyado en la tecnología, cree que esta nos brinda la oportunidad de poder replantearnos el final de nuestras vidas: “como una causa para alguna celebración o al menos un evento trascendental, como así lo han considerado otras culturas en el pasado“.

A partir de ahora, preparémonos para una avalancha de artículos similares al que he hecho referencia. Dispongámonos, luego, para oír y ver a multitud de “expertos” haciendo alegatos a favor del derecho a la muerte que como “ciudadanos libres” tenemos. Y, al final, cuando hayamos “madurado”, cuando ya estemos preparados, será la ley la que nos someterá. Y entonces, sólo entonces, se nos matará legalmente.

Acabo, y lo haré con una frase del Papa Benedicto XVI: “Cuando el hombre pierde conscientemente el respeto a la vida humana como realidad sagrada, termina inevitablemente por perder hasta su propia identidad personal”.

Saludos.


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