Hacia una recesión económica sin precedentes


Difunde sin miedo

El número de parados podría acercarse al de pensionistas

 

Hola:

A pesar de que las cosas se han hecho rematadamente mal, la mayoría de españoles estamos convencidos de que esta pandemia quedará atrás más bien pronto que tarde. Lo que quizás no sepan todos es que los efectos económicos que nos dejará serán terroríficos. Tanto, que estoy persuadido de que se llevará por delante a muchos de los supervivientes.

Tal vez no sea muy acertado hablar de economía con la que está cayendo. Es cierto, la economía es reversible y los muertos no. No obstante, también es cierto que, al igual que una economía sana propicia una mejor calidad de vida, una economía quebrada puede marchitar el futuro de un país. Por ello, pienso que no deberíamos dejar de lado todo aquello que, por estar mal hecho, mermará nuestro futuro y el de nuestros hijos.

España lleva décadas siendo un país de servicios. Según el INE, este sector representó en 2019 aproximadamente el 70% del P.I.B, y dentro de él el apartado de turismo llegó al 13%. Cifra similar al conjunto industrial que también rondó el 13%. Lo anterior, por citar las cifras más significativas de sectores que se verán ampliamente afectados.

Anticipar en datos macroeconómicos el porcentaje de afectación resulta muy aventurado, si bien algún especialista lo ha situado entre un 16% y un 20% de nuestro PIB.

Anticipar en datos macroeconómicos el porcentaje de afectación resulta muy aventurado, si bien algún especialista lo ha situado entre un 16% y un 20% de nuestro PIB. Una cifra que, de llegar a materializarse, expulsaría del mercado laboral a millones de trabajadores. Evidentemente, todo depende de cuanto se alargue la situación sanitaria, pero en cualquier caso el daño directo, y también el colateral, está hecho, y es mucho.

No voy a hacer comparaciones, las odio, aunque en este caso bien podríamos apoyarnos en la reciente crisis de 2008. Pues bien, fruto de ella la cifra oficial de parados superó los 5 millones. Ni que decir tiene que la actual situación sólo se parece a aquella en el ámbito de influencia internacional; tanto los motivos como el desarrollo son bien distintos. Si la de 2008 pudo más o menos orientarse de manera global, esta parece del todo descontrolada, cuanto menos en España. En aquella ocasión hubo un sector especialmente perjudicado, en esta serán prácticamente todos. Y esto es muy difícil de reconducir, por lo menos a corto plazo.

Nuestra economía siempre ha pecado de incoherencias estructurales. La tasa de paro lleva décadas duplicando la media europea, situándonos a la cola del desempleo. A lo largo de los últimos 45 años se pueden contar con los dedos de una mano los ejercicios en los que ha estado por debajo del 10%. Tan pocos, como en los que el número de trabajadores afiliados a la Seguridad Social ha llegado a 19 millones.

Nuestra economía siempre ha pecado de incoherencias estructurales. La tasa de paro lleva décadas duplicando la media europea, situándonos a la cola del desempleo.

El tejido empresarial español se basa en pequeñas empresas, muchas de ellas microempresas, ya que, según datos de 2018, más del 82% tiene menos de 3 empleados. Una atomización que conforma un complicado panorama de supervivencia ante las dificultades. Se entiende, pues, que al contrario de lo que ocurre en los países de nuestro entorno, nuestro conglomerado empresarial sea mucho más vulnerable y voluble. Una inestabilidad que incide principalmente en el empleo.

A estas alturas se puede decir alto y claro que este gobierno no sólo ha gestionado mal el área médico-sanitaria, sino también lo relativo a la economía. Es un tremendo error parar todo un país de manera abrupta y a salto de mata sin acomodar tiempos, sin sopesar alternativas, mintiendo y dando una imagen de incapacidad. No se puede pedir esfuerzo al músculo empresarial mientras el sebo político sigue campando a sus anchas. No es lícito requerir denuedo ni exigir fervor cuando el que lo pide da muestras de ineptitud.

En economía hay una máxima: cuando veas el valle, sé el primero en bajar a él.  Sin embargo, nosotros antes de bajar esperamos a que los que ya han llegado comiencen a escalar. No aprendemos de los errores del pasado. Una y otra vez llegamos tarde y mal. Y como hace 12 años, cuando nuestra economía ande por los suelos, nos obligarán a tomar medidas extremas que nos harán pasarlas muy crudas. Y así, una vez los demás países de nuestro entorno estén a punto de alcanzar nuevamente la cima, nosotros seremos más pobres, mucho más pobres.

Si esto se prolonga más allá de junio, no me extrañaría que este año acabáramos con 7 millones de parados.

Un buen amigo, docto en esto de los números, me dijo hace un par de días: “Si esto se prolonga más allá de junio, no me extrañaría que este año acabáramos con 7 millones de parados.” La verdad, a mí tampoco. Y si se llegara a esa cifra, las consecuencias serían terribles. Porque, entre otras, la carga pasiva se llevaría por delante al llamado “Estado de Bienestar”.  Pero poco parece importarle esto a un presidente de gobierno, ciego de poder, que, como un zombi, espera a que un brujo reanime las constantes de un país que agoniza. Por muchas que sean las mentiras de todo su gobierno, por mucho que estas las apoye toda su melé mediática, la testarudez de la realidad acabará con ellos. Porque, además, llega un momento que hasta el siervo busca nuevo amo cuando ya no come.

La economía mundial lleva años sumida en el polvorín de la deuda, algo que en algún momento estallará. Cuando eso ocurra, no es de extrañar que también salte por los aires la política monetaria, tal como la entendemos hoy. Y luego, luego vaya usted a saber; pero no sería la primera vez que el mundo involuciona económicamente.

Tengo claro que las cosas, por lo menos a medio plazo, no volverán a ser como antes. No se trata de catastrofismo, ni de negatividad, sino más bien de realismo. Es más, viéndolo con algo de optimismo, posiblemente esta pandemia también se lleve por delante el relativismo, la perversión, la depravación y la corrupción que nos rodea, o al menos las aminore. Sólo por ello, estoy dispuesto a vestir ropas usadas.

Ojalá me equivoque y mis temores se queden en mera especulación, pero en esta vida debemos estar preparados para lo peor. Dicen los marinos, los de mar adentro: durante las tormentas todo es precaución, y aun así nadie está parado porque el barco tiene que seguir navegando.

Saludos.

 


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