La Bolsa española: reflejo de un país en bancarrota


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La Bolsa muestra el valor de las principales empresas de un país. En el caso español, el conocido como IBEX-35 lo hace en relación a las 35 empresas con mayor liquidez, y sirve como muestra de salud de las mismas. Entendido lo de salud referente al estado contable de las mismas y a su capacidad de generar beneficios. El IBEX es un índice ponderado por capitalización bursátil que sirve de referencia en la Bolsa española. Lo mismo ocurre con otros índices como son el Dow Jones neoyorquino, el DAX-40 alemán o el FTSE-MIB italiano.

Cabe añadir que la Bolsa, tanto la española como la de otros países, no sólo la configuran las empresas incluidas en los citados índices, como es el caso del IBEX. A ellas se suman otras muchas más. Por lo que respecta a España son más de 120 empresas las que cotizan en la Bolsa de valores. En consecuencia, no resulta incoherente mantener aquello de que la Bolsa es el fiel reflejo de la economía real del país.

No obstante, no sé cuanto de cierto hay ahora en esa expresión. Por un lado, el endeudamiento generalizado de todos los países, y por otro, la continua estampación de dinero por parte de los Bancos centrales, crea un escenario nuevo hasta hace bien poco. Ambas cosas contribuyen a deformar la economía de los países, tal como se entendía tiempo atrás.

A su vez, la influencia que la globalización tiene en las finanzas de los países origina una internacionalización de las mismas. De tal forma que se corrompen los principios básicos que regían las leyes económicas, en lo que a lo doméstico se refiere.

Así nos encontramos ante un nuevo escenario basado en la deuda, que se pretende convertir en perpetua, pero que tarde o temprano estallará, y nos devolverá a la cruda realidad. Porque no nos engañemos, “alguien” es el dueño de ese dinero. Y ese “alguien” –llámese también élite– no está dispuesto a donarlo sin más. Dicho en román paladino: vivimos de prestado. O si se quiere de otra forma: lo que tenemos cada día vale menos.

España no sólo no crece, sino que retrocede en poder económico. El endeudamiento crece, mientras su P.I.B. disminuye.

Pero quisiera volver al título del artículo y centrarme en lo nuestro. La debilidad de la Bolsa española es patente. Un simple vistazo comparativo a los últimos cinco años muestra que la Bolsa española no es capaz de seguir el ritmo de sus homólogas europeas. Si tomamos como ejemplo las de Alemania, Italia y Francia, nos encontramos que mientras el índice de estas ha tenido un incremento del orden del 40%/50%, la nuestra pierde valor, respecto a niveles de 2016/2017. Lo que, siguiendo lo apuntado al comienzo de este escrito, evidencia que la economía española no marcha nada bien.

 

 

España no sólo no crece, sino que retrocede en poder económico. El endeudamiento crece, mientras su P.I.B. disminuye, y a este paso va a resultar muy difícil levantar cabeza. A nivel interno no se puede seguir manteniendo el gasto público como si nada pasara. No puede continuar el despilfarro –sea o no por corruptela–, porque no hay con que pagarlo.

Ya nadie se cree nuestros Presupuestos. Ni dentro, ni fuera. Resultan inviables y, en consecuencia, imposibles de llevarlos a cabo, máxime en un escenario de alta inflación y con una cifra de paro inasumible. A lo anterior cabe añadir otro elemento: la inseguridad jurídica. Un factor que, aunque ajeno de por sí a la economía, repercute negativamente en la inversión extranjera. Inversión, que no adquisición de saldos, y que en cierto grado aliviaría la actual situación. Seamos sensatos y reconozcámoslo de una vez: no se puede seguir viviendo de prestado, porque cada vez son menos los que prestan, y quien lo hace exige un interés que nos ahogará aún más.

Un país serio habría acabado con los ineptos y, al igual que ocurre en la empresa privada, les pediría responsabilidades más allá de las políticas. Ya sé que aquí hace tiempo que nunca pasa nada. Que la gente permite que la lluvia dorada de los incompetentes rocíe su rostro, alegando que se trata de agua pura y saludable. Si, ya lo sé, pero espero que hartos de tragar ácido úrico, al final la gente despierte.

 

Leo Limiste

Desde Barcelona, con lápiz y papel

Pensamiento y reflexiones sobre algo del ayer y mucho del hoy

Este libro compendia una serie de artículos sobre acontecimientos acaecidos a lo largo de estos últimos cinco años. De manera crítica, acerada y reflexiva el autor nos ofrece una visión de lo ocurrido. También, la observación comparativa y pormenorizada del hecho, incluido el lado metafísico en el transcurrir sutil del acontecimiento.

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