La masonería cumple 300 años. Hacia una nueva religión. (4 de 5)

La masoneria cumple 300 años. Parte-4

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Texto extraído del libro “La masonería cumple 300 años. Hacia una nueva religión”. Con autorización del autor.

 

Condenas papales contra la masonería.

Inicialmente, a lo largo del siglo XVIII y mayormente en su primera mitad, la masonería fue prohibida por la mayoría de Estados europeos. A excepción de Inglaterra y Escocia, raro fue el país que no la prohibió y la persiguió. Algunos de estos países, y no precisamente católicos, lo hicieron con anterioridad a la primera condena de la Iglesia. Así es el caso de Holanda que en 1735 publica la primera resolución en la que se declara ilícita a la asociación secreta. A esta se sumarian las prohibiciones de gobiernos de países tales como Francia, España, Ginebra, Hamburgo, Berna, Hannover, Suecia, Prusia, Viena, Baviera y Nápoles entre otros.

La primera condena papal llegó de mano de Clemente XII, quien el 24 de abril de 1738 proclamó la Constitución “In Eminenti”. En ella hace hincapié en el carácter secreto de este tipo de sociedades, de las que dice «que han despertado fuertes sospechas en el espíritu de los fieles» y se pregunta, «si esos hombres no hiciesen el mal ¿tendrían tan grande horror a la luz?». De nuevo, en 1751 el papa Benedicto XIV, en la Constitución “Providas”, volvería a condenar este tipo de sociedades, dado su secretismo, por el juramento de guardar ese secreto que hacen sus miembros, por «resultar evidentemente cualquier clase de males para la pureza de la religión católica» y porque «esas sociedades no son menos contrarias a las leyes civiles que a las normas canónicas».

Tal vez ambos papas no tuvieran en principio fuertes motivos para condenar los actos de esta organización. Quizá por ello insisten más en el carácter secreto. Pero una cosa tenían clara, la masonería se iba introduciendo poco a poco en la Europa continental y era obligación suya alertar a sus fieles del peligro. Más tarde el tiempo les daría la razón. Desde un principio la Iglesia era el objetivo a batir y por ello sería perseguida con ánimo aniquilador. Aquel tiempo, donde imperaba el racionalismo promovido por Descartes, serviría a la masonería para sembrar la semilla anticristiana disfrazada de anticlericalismo. Maurice Fara cita la frase de Voltaire, referida a la Iglesia, Écrasons l’infâme (Aplastemos al infame) como una de las consignas masónicas. Algo que, aunque el filósofo no llegaría a verlo, la Revolución se encargaría de ejecutar.

Pasaría la gran persecución revolucionaria y más de medio siglo hasta que el papa Pio VII, en 1821 en su Letras Apostólicas “Ecclesiam a Jesu Christo”, volviera a condenar la masonería en general y expresamente a los carbonarios, «una nueva sociedad formada recientemente y que se propaga a lo largo de toda Italia y de otros países», en el fondo una derivación de la masonería, de la que señala el carácter hipócrita de su discurso al referirse a Jesucristo como Gran Maestre y jefe de la sociedad. A los anteriores les seguirían, en 1825, León XII con su Constitución “Quo graviora”,  Pío VIII, en 1829, con su encíclica “Tráditi” y, en 1832, Gregorio XVI con “Mirari vos”, quien señala a la masonería como «la principal causa de todas las calamidades de la Iglesia y de los reinos».

En 1846, sería el recién elegido papa Pio IX quien más condenas promulgaría en contra de la masonería. Lo hizo en más de veinte ocasiones y tal vez por ello, «fue calumniado de masón por la Masonería», tal como escribe José Mª Caro. Sus duras condenas y reprobaciones a la masonería se extienden incluso «a los países en los cuales dichas Sectas están toleradas por la autoridad civil» y también a «las demás –sectas- del mismo tipo que, aunque difieran en apariencia se forman todos los días con la misma meta» en claro conocimiento de la existencia de diferentes ramificaciones de la masonería.Papa León XIII

Su sucesor León XIII, último papa del siglo XIX, promulgaría en 1884 la encíclica “Humanum genus”, sin duda el documento más interesante y completo que haya publicado la Iglesia contra la masonería. En ella se dice que los masones «maquinan abiertamente la ruina de la santa Iglesia» y que tras «siglo y medio (…) infiltrándose de una manera audaz y dolosa en todos los órdenes del Estado, ha comenzado a tener poder, que casi parece haberse convertido en dueña de los Estados». También el santo padre se refiere a la familia, al incipiente divorcio y a la enseñanza. Sobre ello dice: «Si el matrimonio se convierte en una mera unión civil, la consecuencia que se sigue en la familia es la discordia y la confusión, perdiendo su dignidad la mujer y quedando incierta la conservación y suerte posterior de la prole. Por esto, en materia de educación y enseñanza no permiten la menor intervención de la Iglesia, y en varios lugares han conseguido que toda la educación de los jóvenes esté en manos de los laicos». Visto con perspectiva resulta toda una acertada predicción.

Llegado el siglo XX los papas moderan su discurso contra la masonería. Tanto el primer papa del nuevo siglo, Pio X, como sus sucesores no condenarán explícitamente…

La Masonería cumple 300 años. Hacia…

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