La masonería cumple 300 años. Hacia una nueva religión. (5 de 5) 2

La masoneria cumple 300 años. Parte-5

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PARTE CINCO

La teoría sobre si Franco quiso y no pudo ser masón.

La tesis de que la masonería rechazó el ingreso de Franco no tiene remo con que navegar. Todo lo que se ha publicado, y sigue publicándose, se basa en lo expuesto por el historiador, jesuita y también masón, José Antonio Ferrer Benimeli, quien aporta ciertos datos, aunque para nada explícitos. Es bien cierto que Ferrer es un afamado escritor e historiador especializado en masonería, con toda seguridad el mayor experto en España. Pero, también es cierto que en sus juicios de valor es juez y parte y eso, para los que intuimos cómo funciona la organización secreta, es un hándicap que pone en cuarentena sus opiniones.

Ferrer se refiere a la primera vez que Franco solicitó ser masón, allá a mediados de los años ’20 del pasado siglo, y cita la logia número 23 de Larache, por nombre Lixus, como a la que se solicitó el ingreso. Haré un inciso y aportaré como curiosidad la cantidad de información falsa, que a modo de copia y pega recorre Internet, en la que se cambia el nombre de la logia bautizándola como “Lukus”, lo que ya de por sí destruye cualquier rasgo de verosimilitud al contenido que la menciona. Lo cierto es que el nombre Lixus se adopta en clara alusión al pasado histórico de la ciudad marroquí.

Volviendo al tema que nos ocupa. En esta logia participaban bastantes militares, que al parecer fueron los que se opusieron a admitir a Franco como masón. Se alegaba la aceptación del ascenso a teniente coronel como causa principal. La excusa resulta baladí para cualquiera que sepa algo acerca de los hijos de la viuda y dudo mucho que la tomen en cuenta, ya que  conociendo el hermetismo al que se someten resulta difícil entender que sean tan explícitos en esta ocasión para airear la negativa hecha a un aspirante. ¿Fue el único al que cerraron la puerta? ¿Si hubo más por qué no se conocen? Por otro lado, la objeción que le ponen es cuando menos rara, ya que había habido masones con graduación militar superior. Tal así como Castaños, Porlier, Riego, Espartero, Narváez, Prim, Pavía, etc. También se añade que la negativa abundaba en haberse comprometido a no aceptar ascensos por mérito de guerra. ¡Como si los militares masones de la época fueran todos unos chusqueros! A su vez, Ferrer deja entrever que hubo otros motivos, que no cita, ninguno de índole estrictamente político. Todo ello no resulta muy verosímil. Situándonos en aquella época, lo que buscaban los masones era mandos, no soldados.

Francisco FrancoOtra cuestión importante a tener en cuenta es la que no se es masón por pedirlo. Es la masonería quien elige, quien te invita a ser iniciado. Por otra parte, Franco conocía bien a la sociedad. Su hermano, y al parecer su padre, fueron masones, al igual que sabía de algunos compañeros que se habían iniciado. Con esos argumentos cabría darle la vuelta al paño y pensar, con la osadía que lo hace Ferrer, que fue Franco quien rechazó el ofrecimiento y los masones se indignaron, no perdonándoselo nunca. Es simple suposición, pero sirve de igual teoría. Por otro lado, si la masonería tenía entre sus objetivos infiltrase y adueñarse de los estamentos militares, ¿era lógico que rechazasen el ingreso de un joven y prometedor militar? No parece muy consistente la tesis que defiende Ferrer. Sólo con echar un vistazo al siglo XIX puede uno darse cuenta de ello.

La segunda vez a la que se alude acerca del rechazo de la masonería a Franco es la referente al año 32, en plena República y alcanzado ya el generalato. Siendo las cosas así, no tiene sentido que volviera a solicitar su ingreso. Si en la primera se le negaba el acceso por haber aceptado el ascenso a teniente coronel, ¿por qué se le iba a admitir ahora que además había ascendido a general? Todo así, se cita en este caso como opositores a su ingreso a los militares, Núñez de Prado, Cabanellas, Pozas Perea, Julio Mangada, Pérez Farras y su hermano Ramón Franco, entre otros. Llegados aquí, el historiador y jesuita añade, de forma velada o no, que esto trastornó el ánimo de Franco, frustró sus expectativas y creó en él una animadversión hacia todo lo masónico. Con la perspectiva que ofrece el tiempo no parece muy convincente tal afirmación, en particular si nos remitimos al ánimo y a las expectativas.

Según parece, la prueba más sólida en la que se basan los defensores de las apetencias de Franco por lucir mandil es la declaración jurada de un teniente coronel llamado Joaquín Morlanes, iniciado en agosto de 1925, en la que afirmaba que el futuro general solicitó el ingreso en la logia “Lukus “ de Larache. ¡Declaración jurada de un masón y logia “Lukus”! Pero, además, hay algo en esta teoría en lo que no se abunda. Se trata de los orígenes y personalidad del General, algo de suma importancia conociendo al personaje. Franco era, por raíces y probablemente por convencimiento, antiliberal, conservador y militar africanista tipo de la época. Y todos estos aspectos chocan de bruces con los principios masónicos. A todo ello cabría añadir una cuestión que no es nimia. Una vez alzado como Jefe de Estado, año 1939, ¿cuánto hubiera deseado la masonería internacional tenerle como aliado? Que el lector juzgue.

 

Masonería, educación y familia.

El saber siempre ha ido asociado con el poder. No es de extrañar por ello que dominar la enseñanza haya sido su oscuro deseo. Primero guardándose la sapiencia para él y luego patrocinando en exclusiva su divulgación. Así, el conocimiento estuvo en manos de muy pocos y también lejos del alcance de la inmensa mayoría. Los apartados conventos eran el lugar donde se leía, se estudiaba y se meditaba entre viejos legajos y las pocas universidades que existían eran de iniciativa religiosa. Luego, la aparición de la imprenta, a mediados del siglo XV, provoca un punto de inflexión. Se abre un pequeño hueco por el que se filtra el saber. La divulgación del conocimiento amplía vías y éste empezaría a dejar de ser exclusivo de una élite. El poder empieza a ser consciente del peligro que ello supone y a partir del siglo XVII apoya las incipientes escuelas, católicas y protestantes, que se encargarán de administrar sabiduría. Posteriormente, la ilustración traería consigo cambios en el fondo y en las formas. Nacería un nuevo concepto pedagógico que empezaría a desarrollarse en la enseñanza a lo largo del próximo siglo.

Desde el principio, los masones han tenido claro que la educación debía ser uno de los ejes principales de su discurso en favor de la liberación del hombre. Para ellos, por mucho que lo enmascaren, la instrucción del hombre debe estar exenta de cualquier toxicidad religiosa. Así surgirá en el siglo XIX una verdadera lucha de la masonería por hacerse con el control de las escuelas de los más jóvenes. Lo cierto es que hasta avanzado el siglo XIX la enseñanza había estado prácticamente en manos de la Iglesia. Esta era la encargada de llevar el conocimiento escolar y también el universitario. Los pequeños esfuerzos de una enseñanza pública y gratuita se encontraban aún en pañales. No se trataba sólo de cambiar el método educativo, sino a su vez modificar el sistema. En defensa de la masonería hay que decir que, tal como sucediera con el abolicionismo, la propuesta de una enseñanza libre era loable, era una música que sonaba –y sigue sonando- muy bien. El problema es que lo logrado quedó empañado por la letra, que en el fondo cambiaba la doctrina existente por otra nueva. Será por ello por lo que el poder siempre habla de educación y casi nunca de enseñanza.

La masonería fue siempre consciente y tuvo claro que para cambiar una sociedad de manera pacífica se necesita tiempo, es preciso aprovechar el reemplazo generacional. Se debe utilizar la nueva savia para ir modelando la nueva costumbre, que poco a poco acabará con la anterior convirtiéndola en vetusta y anticuada. Y eso trae consigo apropiarse en exclusiva de la enseñanza, a ser posible desde la más temprana edad. Y, además, eso no se puede hacer si no se dispone del poder. Para ello es preciso tomarlo y una vez en sus manos ejecutar aquello previsto con la autoridad que ofrece el Estado.Masonería y familia

Pero, no sería suficiente apoyarse en la educación para transformar la sociedad si mientras tanto la familia ejercía de contrapeso. Apartar la religión, introducir la laicidad, promover nuevos valores y sembrar una nueva ideología, resulta ineficiente si la familia mantiene sus principios. Era necesario que esta se transformase, que perdiese su estatus tradicional. Y para ello, para cambiar a la familia había que cambiar a la mujer, mejor dicho su rol. No se trataba de emancipación ni de igualar sus derechos a los del hombre. Había que ir un paso más allá y la masonería lo sabía. En el fondo la familia siempre ha sido matriarcal, por mucho que algunos lo nieguen. También en eso nos parecemos a los animales.

La proyectada y deseada liberación de la mujer llevaba en el fondo un escondido propósito. Sólo hace falta echar un vistazo alrededor y comprobar como todo el pretendido avance de un feminismo mal entendido ha acabado con el principal papel de la mujer como tal, ser madre y cuidar de su prole. Lo primero puede, de momento, pero lo segundo se encarga al Estado para que desde temprana edad eduque como tenga a bien al pequeño. Se alivia de una pesada carga a la familia, que pierde así el control de su vástago. Cada vez van quedando menos familias tradicionales, un concepto que tiende a desaparecer y con él toda una serie de valores y principios. Un bastión que casi ha derribado la masonería.

 

La Iglesia Católica principal objetivo de la masonería.

Tal vez sea osado decir que la masonería nace como oposición a la Iglesia, pero que esta era –y sigue siendo- objetivo de aquella es fácil de mantener. A lo largo de estos trecientos años de masonería han sido muchos los intentos de acabar con el catolicismo. Por mucho que los masones, algunos de ellos con buena voluntad, mantengan que se puede ser masón y católico, la verdad es que ello resulta quimérico. Si alguien ha perseguido con ahínco a la Iglesia, esta ha sido la masonería, de manera directa o indirecta. Desde los desmanes cometidos a raíz de la Revolución francesa, donde se aniquiló y se expolió todo aquello que olía a católico, seguidos de un siglo XIX eminentemente antirreligioso y una devastadora Revolución de 1917, hasta la actualidad. Una lucha que hoy sigue más viva que nunca y que, si bien de manera soterrada, se libra tanto desde fuera como dentro del Vaticano. Para conocer lo pasado basta la historia, el presente sólo es cuestión de observarlo.

En esa ofensiva que la masonería viene manteniendo contra la Iglesia se produjo un punto de inflexión, producto del Concilio Vaticano II celebrado en 1962. La bonachona decisión de poner al día la Iglesia y abrir la religión y adaptarla a los nuevos tiempos que corrían, sirvió en el fondo para introducir una visión marxista de la religión presidida por los nuevos presbíteros vinculados al nuevo movimiento político social de carácter comunista. Ya en la década de la ’50 había una cierta presión ejercida por algunos vaticanistas que creían necesario involucrase en la política de los desfavorecidos. Como consecuencia de ello nace una nueva corriente, conocida como teología de la liberación, que trataría de integrar vertientes católicas y protestantes, algo que se traslada y se pone en práctica en Iberoamérica. En el fondo el Concilio se vería atrapado por las nuevas tendencias y abonaría la paulatina infiltración de prelados afines a la masonería.Masones en misa

Lo cierto es que, tal como señala Michael Davies, el Concilio sirvió para que decayera el número de religiosas en todo el mundo un 24,6% en el cuatrienio 1970-1974; que en ese último año, comparativamente con fechas anteriores al concilio, se redujera en un 66% la asistencia a misa en Francia y un 50% en Italia y que también descendiera el número de vocaciones sacerdotales en más de un 45%. Ello demuestra el fracaso de aquel cónclave que perdió la Iglesia y gano la masonería. El mismo Pablo VI hablaría de la autodestrucción de la Iglesia y de cómo el humo de Satanás había penetrado por las rendijas del Vaticano. Tal era la situación, que a principios de 1976 se publicó un dosier del periodista Mino Pecorelli, antiguo miembro de la logia P2, en el que aparecían más de 110 prelados del Vaticano, donde junto al nombre se mostraba el número de matrícula que se asigna como masón. Algunos defensores de la masonería suelen preguntar de modo tendencioso cual es el beneficio que saca la masonería infiltrándose en la Iglesia. A tenor del declive que ha supuesto para ella la invasión, parece estar claro que mucho. La Iglesia es el último baluarte que les queda por conquistar. Como muchos estrategas saben, lo que no se puede destruir desde fuera necesita que se haga desde dentro. La historia nos ilustra y Troya también.

Viene al caso lo que el sacerdote Malachi Martin escribió en el prólogo de su libro “Tres Papas y un Cardenal”, «Excepto en la opinión de las muy ultrafanáticas mentes conservadoras, se considera a este Concilio Vaticano como una bendición para la cristiandad, un enorme adelanto para el catolicismo romano y un éxito absoluto como expresión de la voluntad popular (…) éste –el Concilio – es invocado como justificación de las acciones más variadas y extraordinarias: (…) casamientos entre homosexuales en Manhattan, la negación de la virginidad de María, de la Resurrección, de la infalibilidad del Papa, (…) oración por el tacto, cultos de Satán-Jesús, misas celebradas en salones por mujeres, misas rock,( …), monaguillos desnudos, uniones polígamas, yoga comunitario, gobiernos comunistas, revolucionarios jesuses negros, mujeres Espíritu Santo,( …) y toda una letanía de actitudes clericales y burradas teológicas que una época anterior de estrecha mentalidad habría entregado a las llamas de una hoguera ardiente, pero que hoy son consideradas como legítimos ejercicios de los derechos humanos».

 

La masonería y el nuevo orden mundial.

Los conceptos “New Age” -o “Nueva Era”- y “Nuevo Orden Mundial” no son nuevos. La “New Age” nace formalmente tras la II Guerra mundial, si bien sus raíces se inspiran en principios teosóficos de finales del siglo XIX. Por su parte el “Nuevo Orden Mundial”, aunque usado a principios del pasado siglo por algunos escritores -en 1940 se publicó el libro “The New World Order” de H. G. Wells-, coge cuerpo a principios de la década de los ’70. Muchos asocian ambos términos, pero lo cierto es que no son sinónimos, si bien tampoco resultan antagónicos. Mientras que el primero tiene que ver con lo esotérico, el segundo se asocia con un concepto sociopolítico. Consecuencia de ello, se podría diferenciar entre la masonería actual, a mi modo de ver más cercana a este último concepto –personalmente creo que buena parte de la corriente dominante hoy día ha dejado de lado el esoterismo que no el luciferismo-, y algunas ramificaciones de ésta cercanas al iluminismo, teóricamente más próximas a la New Age. En cualquier caso ambas expresiones marchan de la mano y tienen como objeto el mandato del advenimiento, del cambio, del nuevo horizonte hacia el que debe caminar la sociedad. Curiosamente, entre los años 1904 y 1990, la revista por nombre “New Age” era el órgano oficial del Consejo Supremo grado 33 de la Freemasonry Southern Jurisdiction de Estados Unidos.

La creación de la Sociedad de Naciones tras finalizar la I Gran Guerra, fue el primer intento de formar un gobierno mundial paralelo al de los Estados para unificar normas globalizadoras. Pero esto, se quedó en eso, en un intento que no cuajó, debido en parte al triunfo del bolchevismo en la Revolución rusa, en parte a las duras condiciones impuestas a Alemania, en el Tratado de Versalles, que acabarían gestando el régimen nacionalsocialista y también por la negativa del Senado estadounidense a ratificar el mencionado tratado de paz. Habría que esperar a que finalizase la II Guerra mundial y se crease la Organización de Naciones Unidas (ONU), que con el tiempo iría cultivando aquella primera idea unificadora. Ha sido la ONU la que ha ido creando organizaciones sectoriales encargadas de inspirar las acciones globalizantes de cada sector, como son la ONS (Organización Mundial de la Salud), FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura), FMI (Fondo Monetario Internacional), OIT (Organización Internacional del Trabajo) o UNESCO (Organización para la Educación, Ciencia y Cultura) entre otras. Si bien cada una de ellas es autónoma, lo cierto es que todas se mueven bajo supervisión de la organización madre.Pirámide masónica

Los acontecimientos que rodean nuestro día a día nos advierten de una ruta trazada de antemano. Las cosas no pasan por casualidad, sino que son consecuencias de actos anteriores. Así, todo parece marchar conforme a un plan hace tiempo diseñado, encaminado a imponer un único gobierno mundial, apoyado a su vez en una única religión. Así, vemos diariamente como se alza una sola voz en defensa de temas como el aborto o la homosexualidad, por poner un par de ejemplos, y se machaca constantemente con la ideología de género, amparándose en una adecuada manipulación del lenguaje. Todo ello ayudado por un globalismo cultural, que utiliza todos los medios disponibles para lanzar su mensaje; un encargo propuesto por la élite del poder. Y, como no, surge una pregunta, ¿qué poder? En buena lógica no hay respuesta exacta. Ningún profano, ni tampoco la inmensa mayoría de iniciados, conoce a ese poder, porque ese poder maniobra desde la sombra. Es un poder secreto y oculto en manos de muy pocos.

Reconozco que manifestar tal aserto es atrevido y conduce al que lo hace a ser tratado como cabecilla de teorías conspirativas. Es lo que tiene no poder aportar pruebas contundentes. Pero, la verdad es que hay ocasiones en que ello resulta imposible y uno se tiene que apoyar en indicios. Y en el caso que nos ocupa son muchas las sospechas que se ciernen sobre la evidencia que nos rodea. Probablemente les pasó lo mismo a aquellos pioneros que en sus escritos, hace más de dos siglos, ya ponían en jaque la bondad de la masonería. El tiempo les ha dado la razón. A nosotros sólo nos queda seguir investigando y tratar de ir sumando pruebas que corroboren los indicios. ¡Arduo y apasionante trabajo!

FIN

Bibliografía de apoyo:
“El triple secreto de la masonería” – Ricardo de la Cierva.
“La masonería invisible” – Ricardo de la Cierva
“La masonería” – J. A. Ferrer Benimeli
“La masonería española en el siglo XVIII” – J. A. Ferrer Benimeli
“Los masones. La sociedad secreta más influyente de la historia” – César Vidal
”Los altos grados de la masonería” – Galo Sánchez Casado
La masonería en la crisis española del siglo XX” – Dolores Gómez Molleda
“La Franc-Maçonnerie et son oeuvre” – Maurice Fara
“The Symbolism of Freemasonry” – Albert G. Mackey
“Las sociedades secretas y la sociedad” – Nicolas Deschamps
“La lucha antimasónica” – Jean-Baptiste Bidegain
“Masonería” – J. Boor
“Origenes de La Masoneria” – Nicolas Serra y Caussa
“¡Misterio! Descorriendo el velo” – José Mª Caro
“La Masonería al desnudo” – F. Ferrari  Billoch
“Pope John’s Council” – Michael Davies

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