Los españoles de ahora tampoco leen libros

libros y lectura

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En España la lectura sigue arrinconada.

 

Hola:

Decir que los españoles leemos muy pocos libros es un aserto que la mayoría de la gente suscribirá sin más. No necesitaría ningún aporte de datos. Sin embargo, dado que siempre hay quien tiene una visión diferente de la realidad, documentaré este artículo con la intención de demostrar que la anterior aseveración no es un bulo, sino una evidencia. Una certeza sobre la que deberíamos reflexionar.

Desde que tengo uso de razón, y son bastantes ya los años, he venido oyendo esa frase: “el español no lee”, que convertida en tópica, sigue estando de actualidad. Con todo, y antes de continuar, conviene dejar claro que en España se vende un buen número de libros. Otra cosa es que no todos se leen, ni tampoco todas las personas los compran. Y si bien lo primero es discutible, lo segundo es incuestionable.

Hasta hace pocos años no se habían realizado estudios y encuestas acerca de los hábitos de lectura de los españoles, por lo que resulta difícil hacer comparaciones homogéneas en el tiempo. En todo caso, hoy día seguimos sin apenas leer. Ahora bien, las causas actuales no son las mismas que las de hace medio siglo.

Aquella antigua frase: “Donde hay un tebeo habrá un libro”, revive aún en mi memoria como presagio cumplido.

Si nos remontamos a mediados del siglo pasado el motivo podía atribuirse a la carencia educativa de aquellos años, que no ayudaba a una parte de la sociedad a encariñarse con la lectura, ya que la tasa de analfabetismo en 1960 llegaba al 11,20%. Hoy, sin embargo, las razones no pueden atribuirse a la ausencia de alfabetización; por lo menos así se desprende de las cifras que publica la UNESCO relativas al año 2016, que en el caso de España la sitúan en el 1,75% y que el INE, en la pregunta 26 de su último barómetro de enero de 2018, rebaja al 1,10%.

Vistas estas cifras está claro que la tendencia hacía la lectura debería haberse incrementado, cuanto menos en la misma proporción que lo hacía la alfabetización. Sin embargo, no ha sido así. Veamos, pues, que otros motivos han incidido en que no haya crecido el número de lectores en España. Para ello, remontémonos unos años atrás, hacía la década de los ’60 del pasado siglo.

En esos años, las nuevas generaciones, que iniciábamos nuestro aprendizaje escolar, completábamos nuestra formación acompañados de unas publicaciones llamadas “tebeos”, que tanto en forma de aventura o a modo cómico despertaban el ansia por la lectura. Aquella antigua frase: “Donde hay un tebeo habrá un libro”, revive aún en mi memoria como presagio cumplido. Tanto es así que a medida que avanzaba la década se iba avivando el deseo de leer. Se propiciaba así la compra de periódicos, revistas y libros entre la nueva clase media que empezaba a surgir en aquella España, abonado todo ello por la ventura económica del momento.

…se consiguió que un diccionario enciclopédico de 10 tomos, de nombre “Monitor”, ocupara el hueco de las estanterías de innumerables hogares.

La nueva década de los setenta representó un boom en la venta de libros y de enciclopedias. Tanto la venta a plazos, como la llegada del fascículo semanal, sirvieron para potenciar la comercialización del libro. Las editoriales y círculos de socios lectores vivieron un momento de esplendor. A su vez, la aparición del libro de bolsillo, que rebajaba considerablemente los costes de imprenta haciéndolo más asequible, fue llenando estanterías y llevando la novela y el relato a muchos de los hogares.

Para las nuevas familias, el libro era, tanto en obra de consulta como ejemplar de lectura, otro elemento que sumar a la decoración de la vivienda. La lectura dejaba de ser cosa de pocos y se popularizaba. Cierto que a ello ayudó en gran medida, como he apuntado anteriormente, la venta por fascículos de obras lúdicas y de consulta que se apoyaban en la fotografía. Una nueva forma de hacer agradable el libro, que acompañado de fuertes campañas de marketing vendía la imagen como un valor añadido, mayor que mil palabras. Así, por ejemplo, se consiguió que un diccionario enciclopédico de 10 tomos, de nombre “Monitor”, ocupara el hueco de las estanterías de innumerables hogares.

También en esos años, aumentó el número de periódicos y revistas, añadiéndose a las existentes nuevas cabeceras con nuevos idearios. Incluso convivían y competían diarios de mañana y de tarde. El año 1971 se contabilizaron un total de 119 diarios de información general a nivel estatal, con una difusión diaria total de más de 3.100.000 ejemplares. La mayor cifra de la historia hasta ese momento. (Datos de Alfonso Nieto y Justino Sinova).

El año 1971 se contabilizaron un total de 119 diarios de información general a nivel estatal, con una difusión total de más de 3.100.000 ejemplares. La mayor cifra de la historia hasta ese momento.

Citaré, a modo de ejemplo, que sólo en Barcelona se llegaron a editar diariamente hasta once periódicos de información general. A lo largo de esa década se podían encontrar diarios de la mañana como, ‘La Vanguardia’, ‘Diario de Barcelona’, ‘El Correo Catalán’, ‘Mundo Diario’ y el oficialista ‘Solidaridad Nacional’. Y por la tarde otros tales que ‘El Noticiero Universal, ‘Tele|eXprés’ y el también oficialista, ‘La Prensa’.  A todos ellos cabe añadir los de carácter deportivo encabezados por ‘El Mundo Deportivo’ y el vespertino ‘Dicen’. Junto a ellos, otros más tardíos en nacer, los generalistas, ‘El Periódico de Cataluña’, ‘Avui’, el fugaz ‘Catalunya Express’ y el también deportivo ‘Sport’, en la segunda mitad de  la década. Todo un raudal de diarios, ninguno de ellos subvencionado por el Estado, que se vendían, leían y hacían del kiosco todo un negocio en la época.

La ciudadanía  estaba ávida de información y hacía caso al spot publicitario del momento que decía: “Un hombre sin información es un hombre sin opinión”. Según publicaba la revista Blanco y Negro el 21/10/1972 en su página 67, España era la quinta potencia editorial del mundo, con una producción total de 225 millones de ejemplares. Por otro lado, el número de títulos diferentes comercializados en España rondaba los 15.000. En general, la octava década del pasado siglo significó un punto de inflexión en el anhelo lector de los españoles. Crece de manera sustancial el número de editoriales y entre ellas compiten en la  búsqueda de personal a quien convertir en profesional de la venta de libros a domicilio.

Llegado el nuevo siglo las cosan varían considerablemente. Por el camino se han quedado muchos de los periódicos y revistas de antaño, ha echado el cierre más de una editorial y los libros de texto se hacen con poca letra y mucha imagen. La multiplicidad de canales de televisión, que no de diversidad, facilita un tipo de información que se digiere sin más. La imagen por encima de todo, como reina del espectáculo, sea morboso o no. Así, poco a poco se va distrayendo la mente y se fomenta la ley del mínimo esfuerzo. Apenas se hace precisa la imaginación y cada vez resulta más cansada la lectura. Esta continuaba herida de muerte.

…para más del 55% de la población la lectura no estaba entre sus prioridades.

Pero vayamos con los datos, que para este periodo sí que los hay. Según el CIS, en 1999, un 38,9% de los españoles declaraba que no leía nunca ningún libro, mientras que un 16,8% leía uno con frecuencia superior al mes. O sea que para más del 55% de la población la lectura no estaba entre sus prioridades. Choca este dato con el hecho de que sólo el 2,5% de los encuestados decía que no veía prácticamente la televisión.

En un nuevo informa elaborado por el CIS sobre Hábitos y Prácticas Culturales (2010-2011), se dice que el 58,7% de la población lee al menos un libro al año. De lo cual se desprende que hay casi un 42% de la población que nunca lee libros. Otro dato importante que aporta la encuesta es el referido a que un 40% de la población española entre 16 y 74 años utiliza Internet para leer prensa digital. Teniendo en cuenta la brutal caída de las ventas que ya sufría la prensa en papel por aquellos años, se me antoja que prácticamente la mitad de la población apenas leía ningún tipo de periódico. El estudio refleja también que el 21,4% de españoles, mayores de 10 años, dedica una media de 72 minutos diarios a la lectura. Adaptado el dato al total de la población, supone que cada ciudadano dedica unos 15 minutos al día, cifra muy por debajo de las más de 2 horas que emplea en ver televisión y video.

Para finalizar haré referencia al último barómetro del CIS de junio de 2016, que en su pregunta 30 indica que prácticamente el 40% de la población sigue sin leer ningún tipo de libro. Y si a la anterior cifra sumamos el 7% de los que declaran haber leído un solo libro en los últimos doce meses, nos percatamos de que casi la mitad de la sociedad española huye de la lectura.

…las consecuencias de este déficit de lectura nos devuelve a los peores años del analfabetismo de antaño, con el agravante de que ahora no cabe la excusa de falta de medios.

Vistos los anteriores datos, uno llega a la conclusión de que pasado más de medio siglo la afición por leer libros sigue igual o peor que antes. Y las consecuencias de este déficit de lectura nos devuelve a los peores años del analfabetismo de antaño, con el agravante de que ahora no cabe la excusa de falta de medios.

Darse una vuelta por las redes sociales se convierte en una pesadilla al ver como se castiga la ortografía y se vulgariza el idioma. La falta de lectura y la pereza de escribir bien, junto a las nuevas tecnologías que obvian la excelencia, convierten al alumno en un mero replicador de textos que copia y pega. Pero si lo anterior influye, no por ello se debe demonizar. El avance nunca puede ser el culpable. No, no busquemos reos exógenos. El responsable de haber llegado aquí es el sistema de enseñanza; un sistema inflado en recursos, pero con pésimos resultados, que no sólo escurre el aprendizaje de nuestro idioma, sino también su comprensión. Aunque mucho me temo que nadie, con poder para remediarlo, tiene ganas de hincarle el diente.

No pretendo derivar en intereses ocultos, pero una cosa está clara, una sociedad sin conocimiento es una sociedad manejable y maleable. Porque como decía Unamuno: “Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee”. Y es que, parafraseando a Maslow, disponer sólo de un martillo como única herramienta, hace que los problemas se traten cual si fueran clavos.

Saludos.

 

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