¿Por qué Grecia y Portugal combaten mejor que España el CoVid-19?


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En esta lucha contra la peste de Wuhan la situación española es tan grave que salen voces de todo el espectro afín al gobierno con la intención de diluir su responsabilidad. Achacan a nuestra forma de ser la alta propagación del virus, y por ende las muertes que provoca. Pero la realidad es otra por mucho que nuestros dirigentes, y sus entes mediáticos, se empeñen en loar su labor. Y es que la verdad se torna testaruda.

Al principio la escusa fue el frío del invierno, luego nuestra forma anárquica de ser. Nada de eso, ¡no mintáis politicastros de tres al cuarto, ni tampoco mandéis que manipulen otros!  Nuestro modus vivendi no es culpable del alto número de muertes por Coronavirus. El único responsable de esta tragedia es quien la ha gestionado. Un gobierno de incapaces, al que le ha importado más la ideología que la salud de los españoles. Un gobierno con alta dosis de indigencia mental, que ha preferido anteponer el sectarismo a la excelencia.

Nuestra forma de vida es muy parecida a la que se da en Italia. Nos gustan los espacios abiertos, nos apetece salir de nuestras casas a disfrutar del sol, o simplemente a pasear. Nos encantan las terrazas de los bares, la muchedumbre, la charla. Y, entre otras cosas, nos atrae viajar. Sí, en todo esos somos muy parecidos a los italianos, y muy diferentes de los nórdicos. Luego, no es raro que ello haga de nosotros una población de mayor riesgo al contagio. Hasta ahí podríamos estar todos de acuerdo.

Mientras nuestra tasa de mortalidad por cada 100 mil habitantes es del 38.00, la de Portugal se queda en el 5.20 y la de Grecia no llega ni al 1 por cien mil.

Ahora bien, Italia y España no son los únicos países que configuran el sur de Europa. También Portugal, Grecia, Malta, Eslovenia, Chipre, Montenegro, Serbia o Croacia son países que forman parte de lo que se conoce como la Europa meridional. En todos ellos el modo de vida es similar. Me atrevería a decir que es el sol quien marca la diferencia con relación al resto de países europeos. Pues bien, hecha la semejanza, ninguno de los anteriores países se acerca, ni por asomo, al número de víctimas que tiene España, medido este de manera porcentual al total de habitantes. Ni siquiera Italia, donde empezó el contagio y cuya cifra de muertes es escandalosa, nos supera.

Eso si nos comparamos con Italia, porque si lo hacemos con Portugal o Grecia, el resultado nos tendría que dar vergüenza. Mientras nuestra tasa de mortalidad por cada 100 mil habitantes es del 38.00, la de Portugal se queda en el 5.20 y la de Grecia no llega ni al 1 por cien mil. Mucho debe ser lo que se está haciendo mal para que seamos el país con mayor índice de mortalidad del mundo. No hay disculpa posible por mucho que quieran excusarlo. El problema no es la abundancia de sol, sino la falta de luces de toda la caterva de inútiles situada al frente de la crisis.

Mientras en Grecia se actuó desde el primer momento en que la OMS alertó del problema, aquí se quitaba importancia a esa “gripe de paracetamol”. Así, en la página de la DNS (Dirección de Salud Nacional), a la que a día de hoy no se tiene acceso -al final se reproduce dicha página-, se decía: “…no se puede descartar que lleguen a España personas infectadas por COVID-19 procedentes de diferentes provincias de China, aunque la probabilidad se considera baja-moderada. (…) Si esto ocurriera, nuestro país está preparado para realizar la detección precoz de los casos y la instauración temprana de medidas de prevención y control, lo que reduciría el riesgo de transmisión, y por tanto el impacto para la salud pública que en este momento se considera bajo.

Bien diferente a la actuación del gobierno español, el griego tenía claras sus prioridades: salvar vidas. Para ello atendió a los primeros avisos de la OMS y se procuró, desde el minuto uno, del material necesario para hacer frente a la pandemia.

En Grecia, nada más reportar la primera muerte por CoVid-19, se tomaron medidas estrictas para detener la pandemia. Aquí, mandatarios varios incluidos ministras y ministros, se burlaban de la pandemia asegurando que el machismo sí era el verdadero peligro. Y, ajeno a todo, el gobierno no sólo no prohibió la aglomeración de personas, sino que autorizó y promocionó la funesta manifestación del 8M.

A diferencia de Grecia, que cerró escuelas y universidades incluso antes de la primera muerte, aquí se esperó a que hubiera más de 50 muertos para tomar la misma medida. Mientras Grecia clausuró inmediatamente los vuelos procedentes de países no pertenecientes a la Unión Europea, y también los de Alemania, Italia y España, aquí no hubo restricciones hasta bien entrado el mes de marzo.


Elaborado con datos ofrecidos por Johns Hopkins Coronavirus Resource Center

Bien diferente a la actuación del gobierno español, el griego tenía claras sus prioridades: salvar vidas. Para ello atendió a los primeros avisos de la OMS y se procuró, desde el minuto uno, del material necesario para hacer frente a la pandemia. Pero no sólo Grecia nos ha dado una lección. También Portugal, un país con el que compartimos más de 1.000 Km. de frontera, con un gobierno de calado izquierdista, nos ha enseñado que el sectarismo no combate las pandemias. Que es la idoneidad y la capacidad de las personas que están al frente lo que hace que las cosas salgan lo mejor posible.

Puede que alguien piense que eso se debe a que son países poco poblados. Bueno, en parte esto es verdad, pero no debe ser ese el motivo, ya que un país superpoblado como Japón también tiene una tasa muy por debajo del 1, concretamente se sitúa en el 0.10 por cien mil habitantes.

Que no se enfade nadie. En el fondo, y a diferencia de nuestros vecinos, los españoles somos gente muy tonta y nos movemos por enviones. Por ello nos pasa lo que nos pasa. Cuando seamos capaces de pensar antes de hablar, de hablar sabiendo lo que decimos, de decir lo que de verdad pensamos y de actuar conforme a la razón, tal vez entonces nos gobiernen buenos políticos.

 

 


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