Pues sí, esta emergencia y todo este sinsentido debe parar


Difunde sin miedo

Amigo lector, convendrá conmigo que Israel es uno de los países, sino el que más, con mayor número de población vacunada. Casi un 97% tiene doble pauta. Más del 50% de su población ha recibido la tercera dosis y cerca de un 15% ha sido inoculada con una cuarta.

Pues bien, a pesar de todo ello lo cierto es que Israel sigue siendo un país con un altísimo número de infectados y con un gran porcentaje de ingresados por y con Covid. Comparativamente, mucho peor que otros países de nuestro entorno con menor número de vacunados. O sea, de nada ha servido esa teórica inmunidad artificial que atribuyen a la vacuna. Al contrario, vistos los números del país judío, la vacunación masiva ha demostrado ser un total fracaso.

A raíz de lo anterior, adquiere mayor importancia la carta abierta que ha escrito uno de los principales inmunólogos israelíes, el profesor Ehud Qimron, jefe del Departamento de Microbiología e Inmunología de la Universidad de Tel Aviv. De ella nos hecho eco algún que otro digital, y la nota parece ser obviada por los mass media. Supongo yo, y no es cosa nueva, con la intención de quitar importancia a todo aquello que pudiera contradecir la versión oficial.

A continuación, transcribo el mencionado escrito, dirigido al ministerio de Salud israelí, animándole a leerlo en su totalidad. No tiene desperdicio.

Aquí el original de la carta.

 

«Ministerio de Salud, es hora de admitir el fracaso

«Al final, la verdad siempre se revelará, y la verdad sobre la política de coronavirus ya comienza a revelarse. Cuando los conceptos destructivos se derrumban uno a uno, no queda más que decirles a los expertos que lideraron el asunto de la pandemia: se lo advertimos.

«Dos años después, finalmente, te das cuenta de que un virus respiratorio no se puede derrotar y que cualquier intento de este tipo está condenado al fracaso. No lo admiten, porque no han admitido ningún error en los últimos dos años, pero con retrospectiva está claro que han fallado estrepitosamente en casi todas sus acciones. E incluso los medios ya están teniendo dificultades para cubrir su vergüenza.

«Os negasteis a admitir que la infección llega en oleadas que se desvanecen por sí solas, a pesar de años de observaciones y conocimientos científicos. Insististeis en atribuir cada declive de una oleada únicamente a vuestras acciones, y así, mediante una falsa propaganda, “vencisteis la plaga”. Y de nuevo la vencisteis, y de nuevo y de nuevo y de nuevo.

«Ustedes se niegan a admitir que las pruebas masivas son ineficaces, a pesar de que sus propios planes de contingencia así lo indican limpiamente (“Plan de preparación del sistema de salud contra la influenza pandémica, 2007”, p. 26).

«Os negáis a admitir que la recuperación natural es más protectora que una vacuna, a pesar de los conocimientos y las observaciones anteriores que demuestran que las personas vacunadas no recuperadas tienen más probabilidades de infectarse que las recuperadas. No admitís que los vacunados son contagiosos a pesar de las observaciones. Basándose en esto, esperabais lograr la inmunidad colectiva mediante la vacunación, y también fracasasteis en ello.

«Negasteis la “Declaración de Barrington”, firmada por más de 60.000 científicos y profesionales médicos, así como otros programas de sentido común. Elegisteis ridiculizarlos, calumniarlos, distorsionarlos y desacreditarlos. Y en su lugar elegís personas que carecen de la formación pertinente para la gestión de una pandemia.

«Obviasteis el dar a conocer los efectos secundarios de las vacunas, y los informes sobre efectos secundarios han sido incluso borrados de su página de Facebook. Habéis ignorado muchos informes sobre cambios en la menstruación y en la duración del ciclo menstrual. Ocultasteis datos que permiten una investigación objetiva y adecuada (por ejemplo, eliminasteis los datos de los pasajeros del aeropuerto Ben Gurion). En su lugar, optasteis por publicar artículos no objetivos junto con altos ejecutivos de Pfizer sobre la eficacia y seguridad de las vacunas.

 

«Daño irreversible a la confianza

«Desde vuestra arrogancia, ignorasteis el hecho de que al final se revelará la verdad. Y comienza a revelarse. La verdad es que rebajasteis, a niveles sin precedentes, la confianza del pueblo en ustedes. Se han quemado cientos de miles de millones de shekels en vano: por publicar intimidaciones, por pruebas ineficaces, por cierres destructivos y por interrumpir la rutina de la vida en los últimos dos años.

«Habéis destruido la educación de nuestros hijos y su futuro. Hicisteis que los niños se sintieran culpables, asustados, que fumaran, bebieran, se volvieran adictos, abandonaran la escuela y se pelearan, como atestiguan los directores de escuelas de todo el país. Habéis dañado los medios de subsistencia, la economía, los derechos humanos, la salud mental y la salud física.

«Calumniasteis a compañeros que no se rendían frente a ustedes, pusisteis al pueblo en contra, dividisteis a la sociedad y polarizasteis el discurso. Calificasteis, sin base científica alguna, como enemigos públicos y propagadores de enfermedades a las personas que optaron por no vacunarse. Promovisteis, como nunca se había hecho, una política draconiana de discriminación, negación de derechos y selección de personas, incluidos niños, para su elección médica. Una selección que carece de toda justificación epidemiológica.

«Cuando se comparan las políticas destructivas que mantenéis con las políticas sanas de algunos otros países, se puede ver claramente que la destrucción que habéis causado solo ha agregado víctimas, más allá de las vulnerables al virus. Destrozasteis la economía, creasteis desempleados y destruisteis la educación de los niños.

«Actualmente no hay ninguna emergencia médica, pero lleváis dos años cultivando esa condición por el ansia de poder, por beneficios económicos y el control. Vuestra única emergencia es mantener las mismas políticas y destinar grandes inversiones para propaganda e ingeniería social, en lugar de dirigirlas para fortalecer el sistema de atención médica.

«¡Esta emergencia debe parar!»

 

Por mi parte, nada que añadir. La contundencia de la carta es mucha, y la crítica al poder y a la élite resulta abrumadora. Sólo, decir que espero y deseo que a lo largo de este año vayan apareciendo otras cartas similares a esta. Porque la verdad, tarde o temprano, siempre surge. Incluso en casos como el actual, en el que parte de la humanidad prefiere vivir en la mentira.

Leo Limiste

 

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