¿Quién defiende la propiedad privada?

okupación

Difunde sin miedo

El valor de la propiedad; el desprecio a la propiedad.

 

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En su origen, el fenómeno “okupa” es producto del Mayo del ’68. Hay un documental, a modo de película, “Historias de doce años y uno” (1986), del director alemán Mandred Stelzer que lo refleja bien. ¿Dónde quedaron los sueños de anarquía de los revolucionarios de 1968? Aquellos jóvenes “okupas” que pretendían llamar la atención de los gobernantes sobre las “precarias condiciones de vida”.

Algo que cabe destacar de este primitivo movimiento “okupa” es su heterogeneidad; conformado por diferentes corrientes, tanto a nivel ideológico como político. Está inspirado en la algarada que se conoció como “familias okupas” en Gran Bretaña al finalizar la década de los ’60 del pasado siglo.

Evidentemente, este pionero tipo de “okupación” nada tiene que ver con lo que luego se propagó de manera activa a lo largo de los años ’80 por toda Europa. Bien podríamos hablar de una inicial “okupación romántica”, que con el tiempo iría tornándose reivindicativa, para acabar, al menos en España, en un claro método de usurpación de la propiedad.

Aquí, en España, dicho movimiento empieza a dar sus primeros pasos en las principales ciudades. Tanto Madrid como Barcelona serán los focos de su puesta en marcha, a finales de la década de los ’80. Los componentes son principalmente jóvenes desencantados, sin necesidades vitales, procedentes en su inmensa mayoría de clases medias, mediatizados por el social comunismo.  Y junto a ellos, una mezcolanza de desfasados anarquistas, ingenuos maoístas y aprovechados objetores de conciencia antimilitarista.

A partir del nuevo siglo, las “okupaciones” no sólo se limitan a edificios públicos. El movimiento va transformándose, y los nuevos “okupas” se convertirán en usurpadores de la propiedad privada.

Lo primero que toman aquellos “okupas” son inmuebles de propiedad pública. Se escudan en la necesidad de buscar espacios donde expresar su lucha por el pacifismo, el ecologismo, el feminismo, el antifascismo o su solidaridad con regímenes oprimidos. Algo que, al fin y a la postre, sólo sirve de excusa para tener un lugar de ocio, a modo de comuna, donde dar rienda suelta a sus necesidades mundanas.

Avanzados los años ’90 el movimiento se aviva. Bien conocido fue el desalojo del cine Princesa de Barcelona. Tal día como el 29 de octubre de 1996, la policía, bajo orden judicial, llevaría a cabo la expulsión de los “okupas”. También en Madrid, en 1997, se realizó otra redada en una vieja fábrica textil del Barrio de Salamanca, que acabó con la desocupación. En 1997, según informaba la agencia de noticias Europa Press, había en Cataluña 145 casas ocupadas ilegalmente, de las que 48 estaban en manos de “okupas”.

Con todo, lo peor está por llegar. A partir del nuevo siglo, las “okupaciones” no sólo se limitan a edificios públicos. El movimiento va transformándose. Poco a poco irá dejando de lado su “idealismo comunero”, y los nuevos “okupas” se convertirán en usurpadores de la propiedad privada. Y, llamativamente, el celo que antes ponían jueces y policía empieza a decaer. Los desalojos se complican en la misma medida que lo que se “okupa” deja de ser público y se convierte en privado.

La ausencia de propiedad privada modifica por completo el comportamiento de la sociedad.

Sólo era cuestión de tiempo; esperar a que la situación económica empeorase. A partir de ahí se abriría un nuevo panorama. Con la excusa de los desahucios derivados del impago de hipotecas, la “okupación” se torna en la única arma que dispone el desahuciado. Y de ahí a lo de ahora, sólo un paso. Barra libre, donde muchos beben a cuenta del negocio que supone “okupar”. Desde empresas de seguridad, a compañías de desalojo, pasando por las mafias que controlan la disponibilidad de viviendas. Todo un desvarío al que ningún gobierno ha querido poner freno, y que está llegando a un punto de no retorno.

Ciertamente, tanto PP como PSOE no han querido resolverlo nunca. Luego, cabe preguntarse: ¿por qué? La respuesta, bajo mi punto de vista, es sencilla: hay que acabar con la propiedad privada. Si, España es el laboratorio, a nivel europeo, donde se desarrolla el experimento.

Fruto de este marxismo moderno que padecemos, se observa una sociedad sin ambición, sin esperanza, sin ideales, sin futuro alguno. Lo que anida detrás de todo ello es la miseria. Vienen a mi memoria las palabras del presidente mejicano López Obrador: “No secuestran a un pobre“, ergo seamos todos pobres y de este modo evitaremos que nos secuestren. Ese es el mensaje que la élite marxista lanza a la sociedad. No ansiemos poseer nada, olvidémonos de la propiedad. Convirtámonos en pobres, porque así viviremos sin preocupaciones. El Estado proveerá. Y como ese, otros de igual calado.

En Francia la policía puede proceder al desalojo inmediato, incluso sin orden judicial.

Hoy por hoy, la legislación europea es defensora de la propiedad privada. Aunque, personalmente pienso que si el experimento español sale bien, la cosa podría extenderse por otros países de nuestro entorno. La élite no da puntada sin hilo, y tiene claro cuál es su meta.

La ausencia de propiedad privada modifica por completo el comportamiento de la sociedad. Que se lo pregunten a los rusos que vivieron el comunismo, a los cubanos y también a los venezolanos.

A continuación, un breve resumen de cuáles son las medidas que adoptan algunos de nuestros vecinos europeos en los supuestos de “okupación”.

FRANCIA: La Policía puede proceder al desalojo inmediato de la vivienda, sin necesidad de orden judicial

DINAMARCA: Es suficiente acudir a la Policía y demostrar ser el legítimo propietario.

SUECIA: La simple denuncia ante la Policía, obliga a esta a proceder al desalojo inmediato.

HOLANDA: Basta con denunciar ante la Policía, quien, una vez verificado el título de propiedad, se persona de inmediato con una autorización judicial para desalojar a los “okupas”.

ALEMANIA: Las casas son desalojadas 24 horas después de conocerse y denunciar la “okupación” por parte de los propietarios.

ITALIA: El propietario deberá denunciar ante la Policía y, tras un juicio rápido, los agentes procederán al desalojo.

INGLATERRA: La ley británica ofrece dos alternativas. Una, denunciar directamente ante la Policía, y arrestará a los “okupas”. Dos, pueden presentar el formulario de “orden de posesión interina” y los “okupas” serán enviados directamente a prisión si no abandonan la propiedad en 24 horas.

Saludos.


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