Villalobos, las pensiones y los pensionistas 2

Celia Villalobos y las pensiones

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Hacia pensiones de subsistencia.

 

Hola:

Las declaraciones de Celia Villalobos el pasado martes en “Los desayunos de TVE” acerca de las pensiones, y que también recoge el digital elEconomista.es, han hecho que cambie de asunto; que deje en el cajón el tema sobre el que tenía pensado escribir y centre mi atención en las apuradas pensiones. Pero antes, con permiso del lector, hablaré de esta mujer.

Esta señora es una atrevida deslenguada que vive del chollo de la política desde hace décadas, concretamente desde 1989, cuando empezó a militar junto a su marido en las filas del PP. En 1995 alcanzó la alcaldía de Málaga, en 2000 llegó a ser Ministra de Sanidad en la segunda legislatura de Aznar y en 2011 fue propuesta por Rajoy como vicepresidenta primera del Congreso de los Diputados, cargo que ejerció a lo largo de toda la legislatura. Está casada con Pedro Arriola, asesor y gurú del PP, lo que otorga a sus desvariadas declaraciones un plus de inmunidad que en otro caso hubiera supuesto el ostracismo de quien las pronuncia.

Conocidas son las frases proferidas en la época al frente del Ministerio de Sanidad y en particular las relacionadas con la crisis de las “vacas locas”, que se atrevió a denominar como «un problema de salud animal». Algunas de ellas bien valdrían quedar como muestra de cazurrería. Las recetas para hacer caldo que Villalobos propugnó a las amas de casa deberían figurar en la antología de lo burdo. Así se despachaba la entonces Ministra de Sanidad: «Las amas de casa no tienen que hacer un caldo con huesos de vaca (…). Se puede hacer el caldo con huesos de cerdo» o «El hueso de caña no tiene problema, está en el hueso de la médula, el espinazo que llamamos las amas de casa».

Conocidas son las frases proferidas en la época al frente del Ministerio de Sanidad y en particular las relacionadas con la crisis de las “vacas locas”, que se atrevió a denominar como «un problema de salud animal».

Tampoco pasó desapercibido su interés por los juegos de Internet. En febrero de 2015, mientras presidia el debate del estado de la Nación, fue cazada, tableta en mano, mientras jugaba a algo similar al Candy Crush. Lo que demuestra dos cosas, una falta de respeto y un absoluto desinterés por el trabajo al que se debe. Porque por mucho que lo negara, aduciendo que leía la prensa, lo cierto es que las pruebas evidenciaban sus apetencias lúdicas.

Voy ahora con las declaraciones de la fatua diputada, no sin antes preguntarme si no hay una persona más preparada que esta mujer para presidir la comisión del Pacto de Toledo. El tema es lo suficientemente importante como para dejarlo en manos de gente de este calibre. Pero, tal como venimos observando, desde hace décadas los gobiernos los componen medianías y no los mejores, tanto en preparación como en valor.

De lo expulsado por boca de Villalobos resumiré aquello que más me ha llamado la atención. Empiezo. Que “el sistema de pensiones de este país está garantizado hoy”; que pronto se sumará gran cantidad de pensionistas procedentes de la generación del “baby boom”; que los menores de 45 años ahorren para un plan de pensiones; que las pensiones han bajado en Alemania, Francia, Italia o Grecia; que hay personas que llevan más años percibiendo pensión que en activo; y que piensa seguir trabajando hasta los 80 años, porque “está divina de la muerte”. Vamos toda una elocuente perorata a la nada, preñada de medias verdades.

Convendría recordar que las pensiones son cosa del anterior régimen y que no las trajo la democracia. Que Felipe González no aumentó las pensiones, más bien las redujo.

Los políticos, todos, llevan más de 40 años mintiéndonos. A pesar de ello la gente sigue creyendo su discurso. Cosa que cuesta entender, sobre todo cuando el engañado es una persona entrada en años. No se trata de que uno añore el pasado, sino simplemente de que compare y eso se puede hacer echando la vista atrás, hurgando en la historia y la experiencia de cada uno. Convendría recordar que las pensiones son cosa del anterior régimen y que no las trajo la democracia. Que Felipe González no aumentó las pensiones, más bien las redujo. Al grano, veamos una serie de números que al fin y a la postre es lo que sirve como comparanza.

Año 1975. Total de habitantes 35.500.000. Población ocupada 12.860.000, es decir personas que trabajan y cotizan. Lo anterior nos ofrece una ratio de 2,76. El número de empleados públicos ascendía a 700.000, lo que dejaba en más de 12 millones el número de cotizantes con actividad productiva en el sector privado. Ello eleva la ratio población/productividad por encima de 2,92. La población mayor de 65 años rondaba los 3.700.000, de los que más del 80% cobraba algún tipo de pensión. El 1,33% de la población superaba los 80 años de edad. El precio de un billete de metro era de menos de 0,04 €, el de una cerveza unos 0,06 € y el de un coche de gama media no llegaba a 1.200 €. Una vivienda media de 75 m² de nueva construcción en Barcelona costaba unos 7.000 €, financiada la mayoría de veces por el propio constructor. El salario mínimo interprofesional era de 50,40 € /mes y un oficial mecánico cobraba alrededor de 140 € netos al mes. No había IVA ni se pagaba IRPF, sólo impuestos indirectos.

Año 2017. Total de habitantes 46.570.000. Población ocupada 19.050.000. La ratio habitantes/trabajadores es de 2,44. El número de empleados públicos supera los 3.000.000, que en este caso deja por debajo de 16 millones el número de cotizantes del sector privado y eleva la ratio población/productividad hasta el 2,91. La población mayor de 65 años es de 8.884.000 personas. El 5,50% de la población supera los 80 años de edad. El precio de un billete de metro es de 2,20 €, el de una cerveza ronda los 1,80 € y el de un coche de gama media supera los 12.000 €. Una vivienda media de 75 m² de nueva construcción en Barcelona está por encima de 300.000 €, con hipoteca a más de 30 años. El salario mínimo interprofesional es de 707,60 € /mes y un oficial de taller cobra poco más de 1.400 € brutos al mes. Han aumentado el número de impuestos indirectos, a los que hay que añadir el IVA y el IRPF, que merman de forma abultada los ingresos del trabajador.

La otra alternativa, que me temo es la que nuestros políticos llevarán a cabo, es mantener inamovible el importe de las mismas, lo que con el paso del tiempo producirá una bajada de facto del importe de la prestación

Hace casi 23 años, en plena crisis económica, se creó el llamado Pacto de Toledo con la idea de afrontar el futuro de las pensiones. No obstante, conviene recordar que diez años antes, con mayoría absoluta del PSOE, ya se produjo una reforma del sistema de pensiones que aumentaba de 10 a 15 los años necesarios para tener derecho a la pensión de jubilación, así como el periodo de cálculo de la base reguladora, que pasaba de 2 a 8 años, y que en el fondo ambas cosas influían y reducían la cuantía de las futuras pensiones.

Llevamos prácticamente cuarenta años sin hacer frente al asunto del envejecimiento de la población española. Porque ese es el quid del verdadero problema, la incógnita matemática que había que haber despejado hace muchos años. Si no hay relevo generacional no hay futuro. Así de simple. No obstante, en vez de procurar los medios necesarios para alentar la venida de nuevos relevistas, apoyando a la familia, se ha hecho todo lo contrario. Se ha penalizado económica y socialmente el núcleo familiar y ahora pagamos las consecuencias. Porque no nos engañemos, o se revierte la situación o las pensiones, por mucho que diga Villalobos y demás políticos, acabarán por no poderse pagar. Así de simple y así de crudo se presenta el futuro.

La otra alternativa, que me temo es la que nuestros políticos llevarán a cabo, es mantener inamovible el importe de las mismas, lo que con el paso del tiempo producirá una bajada de facto del importe de la prestación, convirtiéndolas en un mero aporte de subsistencia. Es lo que algunos llaman efecto pasivo de un suceso, algo a lo que tan acostumbrados nos tienen los políticos. Y ante ello debemos rebelarnos, tanto los que ya la cobran como los que estamos próximos a percibirla. Todos tenemos que exigir que se cumpla el contrato al que nos adherimos cuando empezamos a cotizar. No se nos pueden cambiar las reglas del juego a mitad de partido y al igual que pleitearíamos contra la compañía privada que no cumple lo contratado, debemos hacerlo con los gestores responsables de la situación.

Debemos exigir una profunda reducción de la Administración del Estado, que lo haga competente y competitivo. Porque los gerentes de nuestra Nación han ido aumentando la plantilla con fines espurios.

Por otro lado, no es asumible seguir manteniendo un Estado hinchado e inflado. No nos pueden seguir engañando con las cifras. Frente al importe al que ascienden las pensiones hay un gasto inconmensurable de las administraciones públicas que no se reduce y que en gran medida es un dispendio improductivo. Un gasto excesivo e innecesario al que se suman subvenciones varias a partidos y sindicatos, a ciento y una fundaciones de apoyo, a mil y una entidades colaboradoras y a cien mil y uno chiringuitos amigos. Un derroche que además provoca endeudamiento e intereses.

Pero, seamos críticos con nosotros mismos. Lo sucedido fue, porque lo permitimos. Hemos sido meros espectadores viendo pasar un tren, que arrollaba el patrimonio que nos legaron nuestros padres, sin decir ni pio. Aun así, todavía estamos a tiempo de enmendar el error. Debemos exigir una profunda reducción de la Administración del Estado, que lo haga competente y competitivo. Porque los gerentes de nuestra Nación, a diferencia del sector privado que ha reducido personal, han ido aumentando la plantilla con fines espurios. También debemos reclamar un verdadero apoyo a la familia, no sólo como solución sino como pilar fundamental de la sociedad. Y tampoco podemos permitir, ni ética ni socialmente, una abominable ley que permite la muerte de casi 100.000 nasciturus cada año. Todo ello no sólo porque tenemos la razón de nuestra parte, sino también porque aún nos debemos a nuestros hijos y si en su momento no supimos rebelarnos, debemos hacerlo ahora que todavía estamos a tiempo. Somos un conjunto muy importante y el poder lo sabe. Y, puesto que en su momento no lo hicimos, adaptemos a la situación aquello que decía Ford: “haber fracasado es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia”.  Seamos pues inteligentes.

Saludos.

 

 P.D. Fuente de los datos: INE y elaboración propia. Los importes de 1975 se han transformado a euros para una mejor comparación.

 

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