¿Y si la tierra no fuera esférica?

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Grandes mentiras fueron en un principio inmutables verdades

 

Hola:

La mentira ha estado presente desde que el hombre es hombre. Es algo intrínseco a la cualidad humana; una obviedad en la que seguro, apreciado lector, estaremos de acuerdo. Las ha habido de todo tipo; desde aquellas que se airean a base de la iteración popular, hasta esas otras más perniciosas que son propugnadas por algún tipo de poder. Y el tamaño de la mentira es proporcional al dominio que ostenta aquel que la difunde. Es más, las grandes mentiras fueron primero inmutables verdades que sólo el paso del tiempo desenmascaró.

Son tantas las mentiras que la élite nos cuenta, que ya nada debería extrañarnos. Cualquier “verdad” pregonada desde el Poder, sea este político o fáctico, puede acabar siendo la mentira más grande jamás contada. Da igual con qué tenga que ver. Puede afectar a cualquier ámbito de la sociedad. Lo único seguro es que tras esa “verdad” se esconden intereses obscuros. De ahí el título de este artículo, porque pudiera ser que hasta en esto se nos engañe y La Tierra resulte que no es una esfera. Pero de esto hablaré más tarde. Antes me gustaría poner algunos ejemplos de esas “verdades” que nos colaron. Serán muy pocos y además contemporáneos.

El hombre de Piltdown, la gran mentira de la paleoantropología.

Todo nace a partir de unos restos óseos, formados por parte de un cráneo, una mandíbula y un diente suelto, que se encontraron en la localidad inglesa de Piltdown en 1908. Dichos restos fueron entregados al paleontólogo Smith Woodward, quien en 1912 anunció a bombo y platillo la importancia que suponía el descubrimiento; se trataba, según él, del eslabón perdido. La idea caló en la comunidad científica de la época, obsesionada e influenciada por la teoría darwiniana; tanto, que durante cuatro décadas se aceptaron como válidos por la mayoría de especialistas en ciencia paleoantropológica. Sin duda, la pretendida similitud entre el ser humano y el simio, y el momento en que se produjo, sirvió para dar por buena toda aquella teoría, que apoyaba la selección natural como evolución de la especie. Habría que esperar hasta 1953 para que la ciencia determinara que se trataba de un fraude. La antigüedad de los restos no llegaba a 50.000 años, y el cráneo y la mandíbula procedían de especies diferentes. La mandíbula, envejecida artificialmente, correspondía a un orangután, el diente suelto a un mono y el cráneo a un homínido.

El agujero en la capa de ozono, una medio verdad convertida en una gran mentira.

El asunto del ozono viene de lejos. Ya en 1970, un par de científicos, holandés uno y norteamericano el otro, denunciaron los daños que ocasionaban los aviones supersónicos en el ozono estratosférico. Pocos años después, en 1974, los profesores Rowland y Molina, de la Universidad de California, hicieron públicos unos informes en los que se señalaba a los compuestos clorofluorocarbonados como causantes de la destrucción del ozono. Lo cierto es que dichos informes se demostraron luego equivocados, por no decir interesados. Su conclusión, según un reportaje publicado en 1990 por la revista Ciencia Hoy, se basaba en que: “…los CFC (Freón 11 y Freón 12) liberados en la Tierra, al igual que cualquier otro gas más liviano que el aire, tenían que ser dispersados por los vientos a toda la atmósfera, independientemente del lugar desde el que partieran.” Algo que resulta difícil de defender visto el peso molecular de ambos gases (137,51 y 121,01), muy por encima del peso molecular promedio de la atmosfera (29,01). Con todo, el informe de Rowland y Molina sería determinante a la hora de prohibir el uso de freones y con ello la fabricación de cualquier producto que lo contuviese, como era el caso de los aerosoles y sistemas de refrigeración.

Legados los años ’80 se libra una autentica cruzada a favor del ozono. Nadie cuestiona que el agujero de ozono se está haciendo cada vez más grande y que eso traerá consigo el aumento de cáncer de piel por la exposición a los rayos solares. La prensa se vuelca en ello, y el temor cunde entre la gente. El 1 de abril de 1987, el diario ABC, en un artículo de su sección de ciencia y futuro, titula a dos páginas: “Alarma mundial ante la progresiva desaparición de la capa de ozono”. Durante los siguientes años, y hasta avanzada la década de los ’90, los poderes públicos, apoyados por la comunidad científica, se encargaron de pregonar unos hechos que no eran tal como afirmaban. Hoy día, cualquiera que lo desee dispone de cantidad de información que documenta la falsa verdad. Añadiré, para quienes se apoyen en el Nobel otorgado en 1995 a Rowland y Molina, que también a Obama le concedieron el de la Paz. Y finalizaré este apartado parafraseando a Mencken, cuando dice que los políticos nos amenazan con duendes imaginarios. Cierto, también nos culpabilizan de su existencia, y así tienen la excusa perfecta para vigilar nuestros actos y penalizarlos.

El dinero y el sistema bancario, una gran mentira asentada en el fraude.

Hay un viejo dicho que señala que el dinero no crece en los árboles. Eso debía ser hace bastante tiempo, porque ahora el dinero se crea de la nada. Todo el sistema monetario actual es una auténtica estafa, un engaño que nace en 1913, cuando se crea la Reserva Federal que actuará como banco central estadounidense. El ente, independiente del gobierno, quedaba en manos de los grandes magnates de la banca. En concreto, el 62% del accionariado lo poseían tres grandes bancos, que a su vez pertenecían a tres familias: Rockefeller, Rostschild y Morgan. La emisión de dinero y la política monetaria se aleja de las manos del gobierno. Algo empezaba a cambiar. Tanto es así, que Henry Ford, en 1922, se atrevió a decir: “Si la gente supiera cómo funciona nuestro sistema financiero, creo que habría una revolución mañana por la mañana”. Años más tarde, en octubre de 1929, tal como había pronosticado Paul Warburg unos meses antes, se produciría la gran depresión. Y la gran banca sacó partida de ello.

Aun así, lo peor estaba por llegar. En 1971, durante el mandato del presidente Nixon, se acaba oficialmente con el patrón oro y se da vía libre a la creación de dinero. Comienza el timo. En todo el mundo, los nuevos billetes reflejan el cambio: ya no aparecía en ninguna parte el lema que refería la obligación de los bancos centrales de pagar al portador la cantidad que figuraba en ellos. El dinero pasa a ser una cuestión de confianza entre el tenedor y la banca. En la práctica, la eliminación del patrón oro posibilitaba la creación de dinero de la nada. Sin embargo, aún pasará un tiempo hasta que los efectos perniciosos del nuevo sistema lleguen a la economía de la calle.

Es a partir de los años ’90 cuando el infecto fruto de un sistema basado en la deuda empieza a reflejarse en las economías caseras. Se legitima el incremento de la masa monetaria, cuando quien lo hace es el sistema. Por otro lado, el coeficiente de caja, o reserva fraccionaria, que obliga a los bancos a retener y preservar una parte de los depósitos, empieza a reducirse de manera abismal. De tal forma que hoy día está por debajo del 1%. En la práctica, ello significa que la banca comercial puede ofrecer créditos y préstamos por importe prácticamente igual al de los depósitos. Un dinero que se crea de la nada, simplemente con un apunte contable, convertido en pura y dura deuda. Muy simple, el importe de 100 monedas que ingresa Juan, se presta seguidamente a Pepe; y en ambas cuentas aparecen 100 monedas. Por arte de magia el dinero se ha duplicado. Pero lo peor de todo es que el incremento de masa monetaria repercute en nuestro poder adquisitivo. Este desciende debido a la inflación, mientras que aumenta el beneficio para el distribuidor del dinero.

Atentados del 11-S, la única verdad es que cayeron las torres y murieron miles de personas.

Pasado el tiempo aún quedan muchas cosas por aclarar. No se trata de dar pábulo a teorías conspirativas, sino de descubrir aquello que no casa con la razón y la física; porque son muchas las preguntas y pocas las respuestas razonables. Por mucho que Obama echara en cara que “menoscabar la integridad científica es menoscabar nuestra democracia”, tres de cada cinco estadounidenses no se creen la versión oficial. Pero pongamos el relato en su tiempo. La mayoría de televisiones mostró al mundo y en directo la escalofriante imagen de dos aviones estrellándose contra las Torres Gemelas. Algo tan impactante nubló nuestra mente, y nadie en ese momento se hizo preguntas; después, con el paso del tiempo, surgieron muchas.

No es mi intención hacer una relación de las dudas que siguen sin tener respuesta. Cualquier lector interesado tiene infinidad de páginas y videos en los que se abunda sobre el tema. (Recomiendo de manera especial esta www.ae911truth.org) Sólo incidiré en una cuestión que llama mucho mi atención: el colapso de la Torre 7 del WTC. ¿Cómo es posible que un rascacielos con base de acero, que además no fue golpeado por ningún avión, pudiera venirse abajo? Tampoco para muchos ingenieros y arquitectos de todo el mundo tiene una explicación razonable, salvo que se demoliera de forma contralada. Algo que no cabe desechar si atendemos a los análisis de restos de este rascacielos, en los que se encontraron residuos de termita, un elemento que se utiliza en demoliciones.

Tras un hecho, importante o no, uno se suele preguntar dos cosas: ¿a quién beneficia?, y ¿qué ha cambiado tras el suceso? Pues bien, ambas cosas tienen respuesta. Es obvio que los atentados del 11-S sirvieron para menoscabar nuestras libertades. Somos menos libres y estamos más vigilados. Blanco y en botella. Por otra parte, no es la primera vez que el Poder hace lo impensable para conseguir sus objetivos. La frase, “el fin justifica los medios”, es bien antigua. Y tal como escribe el filósofo y psicólogo Erich Neumann, en su obra Psicología profunda y nueva ética, “Es terrible cómo la mentira implicada en la represión y en su tendencia a no querer ver la realidad, mina y devora desde dentro al hombre, tanto al individuo como a los pueblos.

…los políticos nos amenazan con duendes imaginarios. Cierto, también nos culpabilizan de su existencia, y así tienen la excusa perfecta para vigilar nuestros actos y penalizarlos.

Llegado aquí quisiera retornar al principio, al título de este artículo. Quizás ahora se entienda por qué he recurrido a la pregunta: ¿y si La Tierra no fuera esférica? No, no asevero nada, simplemente pregunto en voz alta si eso pudiera ser. De si ¿es posible que se nos engañe hasta ese punto? De si ¿se adiestra nuestro cerebro desde temprana edad? De si ¿somos capaces de cuestionar aquello que se nos enseñó de pequeños? De si ¿somos esclavos de un progreso impostado? De si ¿vivimos inmersos en una gran mentira?

Personalmente, trato de seguir pensando, de no aferrarme sin más a credos humanos, de no limitar mi mente. No sé hasta qué punto ello me produce más pesar que provecho, pero uno es como es. Y siendo así, me sigo haciendo preguntas. Preguntas como estas. ¿Es posible que la superficie del agua se doble? ¿Por qué el horizonte siempre queda a la altura de los ojos? ¿Por qué se puede ver aquello que según la trigonometría esférica debería quedar oculto por la distancia? ¿Mueven, o no, el morro los aviones para seguir manteniendo la altitud? Reconozco que sé muy poco. Tal vez por ello me hago preguntas. Puede que algunas simples o tontas; pero una cosa tengo clara: no quiero morir siendo un idiota inculto.

Saludos.

 

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